Francisco Sanchis “Plati”: 365 fotos al año a base de creatividad, imaginación, perseverancia… y honradez
Debido a la insistencia de un cuñado, Francisco Sanchis, a quien todos conocen como Plati, comenzó a principios de año un desafío: publicar cada día una foto, con una única condición, haber sido realizada ese mismo día. Y cada noche, poco antes de que se cumpla el plazo, ya cuenta con una legión de seguidores impacientes por hacer click en el “Me gusta” de Facebook: una lección magistral cada 24 horas.
Comenzó como un desafío personal, pero también como una necesidad: “Buscaba una excusa para hacer buenas fotos, porque uno se acostumbra rápido a la buena vida y se olvida de autoexigirse”, asegura Plati una mañana, mientras charlamos, cuando el desafío apenas lleva un mes de vida.
Hoy ya lleva casi ocho meses. Ningún día ha fallado a su cita con la foto, siempre armado con un equipo impecable: su Canon 7D, un tele de 100-400 milímetros, una óptica media holgada de 24-105 mm, su inseparable macro fijo con 2.8 de abertura y, por supuesto, su imprescindible trípode Manfrotto… “porque si no es Manfrotto no es un buen trípode, eso es algo que aprendí en la Escuela Municipal de Cine de Puçol cuando tenía catorce años. Bueno, eso y que además del desafío técnico detrás de cada buena imagen hay una intención, una crítica, una idea: la culpa de ese afán la tienen algunos de los que me han enseñado, algunos maestros que te encuentras en la vida”.
Ha tenido maestros, como todos, qué duda cabe, pero lo importante siempre es que el alumno sea capaz de asimilar la base, las claves… y luego desarrollar su propio camino.
Un camino que en el caso de Plati y su apuesta en el Facebook 365 días con sus noches se reduce a tres palabras: creatividad, imaginación, perseverancia.
“La imaginación surge con la necesidad. Ahora veo una piedra y pienso si puede ser mi foto del día”, confiesa mientras monta su trípode, quizá para que la entrevista sea la foto del día, pero no acaba de convencerle la idea, o quizá la luz, o el encuadre. Porque Plati busca la foto en el momento, no en la pantalla del ordenador: “No manipulo el tema en la postproducción, busco el respeto a la realidad: sólo trabajo la técnica en la captura de imágenes, pero no el retoque fotográfico. Es importante el punto de vista y la intención, porque está claro que uno no coge un libro y aprende, sino que necesita practicar, jugando y disfrutando”.
Inquieto, aunque paciente y con las respuestas muy claras, Plati deambula por el despacho mientras se desarrolla la entrevista. Se asoma a una ventana. Allá al fondo, frente a la puerta del Ayuntamiento de Puçol, un individuo aparca una moto, el reflejo del sol le gusta… pero es tan momentáneo que ni se plantea preparar su mítico Manfrotto. Espera que llegue la foto del día. Esa no era. Cuestión de perseverancia.
“El otro día encontré tres buenas fotos. Las vi, probé y me gustaron. Pero no las tengo hechas, quiero que sean realizadas en el mismo día. Así que con el tiempo he aprendido a no hacer más de una foto al día y me anoto las demás. Eso sí, tengo alguna de reserva, por si un día surge una emergencia y tengo que hacerla a última hora: es la foto del campanario de la iglesia, por la noche, visto desde la terraza de mi casa, con el Monte Picayo al fondo”.
Una foto impecable. De hecho ya la ha publicado. Una emergencia, supongo.
En estos siete meses y medio Plati ha fotografiado de todo: naturaleza y fauna en primer plano con su nuevo macro, ese que le hace ver cosas que los seres humanos normalmente ni nos percatamos que están ahí; fotos nocturnas donde los elementos en movimiento trazan caprichosas líneas multicolor; paisajes idílicos en la costa mediterránea o en los Pirineos aragoneses; potentes imágenes en las que el teleobjetivo ofrece una visión insospechada, como aquélla en que dos contenedores situados en la playa del Puerto de Sagunto se superponen a los dos tanques de almacenamiento de la regasificadora…
“No manipulo nunca el tema. Los contenedores estaban ahí, iba con el 24-105 en la cámara, así que tuve que cambiar de óptica y usé el teleobjetivo de 400 mm, me tuve que alejar 40 metros para igualar en el encuadre el tamaño de los contenedores y de los enormes tanques, y para obtener nitidez en los dos puntos situados a tanta distancia tuve que disparar con un diafragma f/38, el más cerrado que tengo, y con una exposición de un segundo… ¡y eso que era a pleno sol!”. Cuestión de creatividad, qué duda cabe.

De momento ni se plantea que su trabajo pueda dar lugar a una exposición, aunque 365 fotos en un año deben buscar su propia fórmula para ser disfrutadas, además de Facebook: quizá el Espai Jove podría encontrar modelos alternativos, un punto de vista distinto, pero no es un trabajo convencional, no es un material para seleccionar cuarenta imágenes, enmarcarlas y colgarlas en una pared. Habrá que usar la imaginación, una vez más.
Por ahora prefiere disfrutar de su museo virtual y de las ventajas de la fotografía digital. Plati, que empezó en el mundo de la imagen en la Emisora Municipal de Televisión de Puçol, cuando apenas podía levantar las cámaras y magnetoscopios de los vetustos Umatic, con sus enormes cintas analógicas de apenas veinte minutos, es un enamorado de la tecnología digital, que ha dado una nueva vida a la fotografía: “pero falta formación para tantos usuarios. ¿Por qué no hay más cursos? Todo lo que se enseña hoy en día es postproducción, sobre todo Photoshop, y con ello se consiguen imágenes impecables pero sin alma, falta el punto de vista, el autor”.
Y, recordando sus orígenes en la escuela de cine, la conversación se centra en esas superproducciones de Hollywood: cine de gran presupuesto, pero sin alma, porque falta la figura del director que dé sentido y coherencia a esos blockbusters veraniegos cargados de efectos especiales. Hoy en día, muchas superproducciones están en manos de directores que vienen de los efectos especiales y de la publicidad: llenas de imágenes impactantes, pero sin alma.
En su repaso a algunas fotos de las que lleva realizadas también tiene un momento para las personas que más le ayudan desde el 2 de enero, porque el día 1 no estaba del todo convencido y empezó 24 horas después, “lo que me convierte en el único del grupo que este año haré 365 fotos, una cada día, porque es un año bisiesto”.
Y esas personas imprescindibles en su día a día son dos: primero su padre, que es un auxiliar indiscutible, el que cada día que puede le acompaña, con el inseparable Manfrotto al hombro, para recorrer el paisaje del entorno de Puçol… incluso en alguna ocasión ha sido esa silueta la protagonista de la foto del día, con el mar al fondo; y después su mujer, que es a la vez su fan número 1 y su mayor crítico: “Es la que decide qué foto debo publicar cada noche cuando hay varias para elegir. Ella no realiza una valoración técnica, sino que elige la que le entra mejor por los ojos… y siempre acierta”.
No le molesta que se descarguen sus fotos. Es el reino de Internet, del “me gusta” y del “compartir”. De hecho, reconoce una mutua dependencia con sus seguidores en Facebook, que al principio apenas eran cuatro amigos y familiares, pero ahora son muchos más.
“Una compañera de trabajo me dijo que ahora cada mañana lo primero que hace es ver mi foto. Es una necesidad mutua, yo también necesito que me vean”, confiesa con una sonrisa cómplice, mientras se sienta, cansado ya de dar vueltas por la habitación sin encontrar nada que pueda servirle para su foto del día.
La interacción con sus seguidores le ha hecho variar algunas posturas, quizá excesivamente espartanas, aunque nunca cambiará la necesidad de que la foto sea hecha en el mismo día, “porque lo sabré yo y eso no puedo consentirlo”. Todo un ejemplo a seguir. Quizá debamos corregir al artista y a las tres virtudes nombradas al principio (creatividad, imaginación, perseverancia) haya que añadir una cuarta: honradez.
Un desafío es una cuestión de honor y ha de cumplirlo al pie de la letra, aunque hayan sido sus “lectores” quienes le han hecho añadir un título a sus fotos desde febrero, algo que ayuda a diferenciar un animal de una planta (ese macro ve cosas que uno nunca habría imaginado) o una rima visual de una valla de un mensaje político (esos lectores que intentan ir por delante del autor).
También en el último mes ha incorporado música a sus fotos. Para ser más precisos, ha añadido un link a un tema musical de YouTube: es otra forma de entender su imagen, de llegar a su público, de transmitir un estado de ánimo, algo fundamental a la hora de enfrentarse a cualquier foto creada por un autor, por alguien que tiene cosas que decir y lo hace cada día, con paciencia y con una técnica exquisita.
Durante nuestra charla, que se prolonga más de lo que exige cualquier noticia, porque además de un excelente fotógrafo es un gran conversador, Plati coge ejemplos de aquí y de allá y explica los detalles técnicos, los motivos por los que hizo tal o cual foto. Quizá no es consciente, pero está impartiendo clases, como sus viejos maestros… sólo que ahora el maestro es él. Lo mismo que hace cada noche, cuando cuelga su foto.
Una lección magistral cada día.
Escribe Sabín



