Fiel a la tradición del arte chino, Adan Liu reflexiona sobre la destrucción de nuestro entorno en “Photography”

Fiel a la tradición del arte chino, Adan Liu reflexiona sobre la destrucción de nuestro entorno en “Photography”

Hasta el 31 de marzo, Adan Liu expone en la Casa de Cultura su colección de fotos sobre las huellas del ser humano en nuestro paisaje mediterráneo. Profesor de Bellas Artes en su China natal, desde hace quince años Liu vive en la Comunidad Valenciana, donde ha sustituido el pincel por una cámara digital, aunque considera que continúa “pintando paisajes”.

 

En su bello y a la vez sencillo folleto de presentación de Photography, el profesorAlbert Ferrer Orts (del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valencia) señala que la tercera colección de fotos de Adan Liu nos ofrece "paisajes que nos son familiares por su cercanía vistos con su peculiar modo de entender el mundo. En ellos, encontramos esa dicotomía entre lo natural y lo artificial y, si se me permite la expresión, entre lo divino y lo humano".

La reflexión, certera y sintética, sirve no sólo para reducir a su mínima expresión la línea creativa que recorre Photography, una colección de fotos sin finalizar, que parece ser un punto y seguido en un trabajo donde el mar por un lado (con sus aguas en continuo movimiento que, merced a largas exposiciones, acaban transformándose en inquietantes mantos de niebla nocturna), y el bosque mediterráneo por otro (con restos de construcciones humanas), forman una doble vía que, quizá con el tiempo, acaben formando sendas colecciones independientes.

"En el arte chino sólo hay tres temáticas: la persona, el paisaje y el animal", recordabaAdan Liu mientras recorría la exposición con los pocos, poquísimos, que acudieron a la inauguración. "Cuando pintaba con el pincel, sólo me centraba en paisajes. Ahora, con la cámara digital, trabajo como si fuera un lienzo, y casi siempre acaba apareciendo como tema la huella de la persona en un paisaje".

Con la familiaridad que le otorga llevar quince años viviendo en España, de ellos diez en Valencia, y con la modestia de quien regenta un restaurante chino en el Puerto de Sagunto (que para nada responde al diseño, la gastronomía y los tópicos de los cientos de restaurantes chinos que inundan nuestra geografía), Liu sigue fiel a los principios de sus maestros, no en vano en su tierra natal era profesor de Bellas Artes, aunque hoy en día el verdadero placer lo encuentra en la Canon 30-D, una cámara digital que le ha permitido tratar la fotografía con la textura propia del pincel, sobre todo buscando el alma de cada imagen, aunque para ello haya tenido que realizar varias exposiciones del mismo encuadre, a veces de muy distinta duración (desde fracciones de segundo a varios minutos), para unirlas todas en una única foto final, gracias a las ventajas del ordenador y el trabajo con el RAW, ese formato casi mágico que permite, a los más exigentes, fotografías de cualidades casi pictóricas.

La noche, el Mediterráneo, la luna llena, una larga exposición y, como único elemento disonante en ese remanso de paz, una luz, quizá una obra, o quizá algún barco que se acerca, en cualquier caso una huella del ser humano. Una constatación de que estamos rompiendo el equilibrio de la naturaleza.

Unas nubes oscuras, un sol filtrado, luces y sombras, una montaña, rocas, la vegetación propia del bosque mediterráneo y, en el centro, alzándose en exceso y rompiendo el equilibrio de forma insolente, una cruz de piedra, o quizá un banco de madera, puede que un pequeño antiguo molino casi destruido... en cualquier caso, restos abandonados, huellas de la presencia humana, síntomas de nuestra falta de compromiso con la naturaleza.

Con su sabiduría oriental, Liu lo resume con una sencillez sublime: "estamos estropeando el medio ambiente". Así, sin grandes discursos, sin erigirse en portavoz de nadie, con imágenes que dejan huella, nos habla de nuestra intromisión en el equilibrio natural... aunque sólo en una parte de las fotografías exhibidas.

La otra parte está centrada en lugares enteramente creados por el ser humano, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia: el Hemisfèric, accesos y pasillos donde el ser humano apenas es una figura borrosa... En el fondo, otra vez la huella humana, buscando con sus propias construcciones el equilibrio (como apunta esa simetría en la composición nocturna del Hemisfèric), aunque no parece que esa simetría proporcione paz, más bien sugiere algo turbio, oscuro, ligeramente desenfocado, movido, como las propias figuras humanas que aparecen en esos paisajes.

En el fondo, Photography parece continuar el discurso de las dos primeras colecciones de fotografía digital de Adan Liu: la primera, Rojo y negro (2006), mostraba al ser humano perdido entre el urbanismo descontrolado que asola nuestras ciudades; la segunda, Entre dos mundos (2007), mostraba el paisaje y las tradiciones chinos, amenazados nuevamente por el urbanismo desaforado.

La tercera, Photography, continúa ambas sendas, insistiendo en la intromisión del ser humano, aunque aquí el paisaje cobra mayor protagonismo, mayor capacidad de sugerencia. Su mensaje ecologista, sólo evidente para el que se acerca a la exposición sin ideas preconcebidas, resulta más útil que esos centenares de proclamas tópicas y vacías que estamos acostumbrados a escuchar.

Quizá porque Adan Liu es un artista y su arte habla por sí mismo.

Quizá por esto mismo la concejal de Cultura, Dolores Sánchez, se quedó sin palabras para describir su obra, durante el acto de inauguración.

Es cierto. Sobran las palabras. Mejor disfrutar la obra en sí misma. Todas las tardes, de 18 a 21 horas, en la Casa de Cultura. Hasta el 31 de marzo.

Es hasta ahora la exposición más importante del año. Y muy pocos la han visto. Quizá es el símbolo de nuestro tiempo: el triunfo de los mediocres aprendices, de los que apenas tienen nada que decir, frente a nuestro desdén hacia los maestros, hacia los que tienen tanto que enseñarnos.

Deja que Liu te enseñe a mirar nuestro entorno con otros ojos. Y disfruta.

 

28 Marzo 2010
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