Vecinas de Puçol en la Carrera de la Mujer: abuelas, madres, hermanas, primas y nietas… todas menos ella

Hace tres años no sabía lo que era la carrera de la mujer, jamás había oído hablar de ella, y después de correrla en los dos años anteriores, me encuentro organizando, convenciendo a mujeres para que se apunten y rellenando inscripciones como si formara parte de la organización del evento.

Este año lo esperábamos impacientes, se está convirtiendo ya en una costumbre, y el que cada año seamos más nos llena de emoción, además de tener un carácter especial para mí porque se celebraba el día de mi cumpleaños, así que sabía que este iba a ser un gran día.

Si añadimos a eso el hecho de que todas las mujeres de mi familia por parte de padre, las “Deo” como nos gusta llamarnos (para abreviar), iban a participar… hacía que esperara ese día con gran expectación.

Estuve semanas antes de la carrera pensando en que iba a contar este año en mi artículo y mi idea era centrarme un poco en las “Deo”. Diez mujeres de la misma familia, abuelas, madres, hermanas, primas y nietas… era algo digno de mención, pero por caprichos del destino, por decirlo sutilmente, mi historia tomó otro camino… que habría deseado no tomar jamás.

Éramos 22 las inscritas en diferentes grupos: las Deo (3 grupos), las mujeres del futsal, las amigas de las Deo, las treintañeras sexys y las cuarentañeras sexys; algunas más que no llegaron a tiempo para adquirir su dorsal y vecinas que estaban inscritas por su cuenta pero que también se unieron a nuestro numeroso grupo… Total que el día en cuestión nos reunimos 30 personas: abuelas, madres, nietas, amigas, compañeras de gimnasio, del futbol sala, vecinas, incluso dos niños, que a pesar de no cumplir la condición imprescindible para participar —ser mujer—, quisieron unirse a esta noble causa.

Llegó el gran día y allí estábamos todos revoloteando, haciéndonos fotos, repartiendo aún algunos dorsales y organizando los coches para ir a Valencia, pero había un grupo incompleto, nuestras cuarentañeras sexys… porque ella al final no tuvo fuerzas para venir.

Esta carrera la íbamos a correr, como los años anteriores, por ellas, por nosotras, por todas… por las mujeres, pero como he dicho antes… el p… destino nos jugó una mala pasada y puso nombre y apellidos a nuestra causa. Así que este año nuestra carrera era para ella.

Queríamos hacerla especial, que ella supiera que todo nuestro esfuerzo y nuestro apoyo tenía una destinataria, pero es tanta la impotencia que sientes que no ves manera de hacerlo, así que hicimos lo que ese día había que hacer… correr por y para ella.

El grupo de las cuarentañeras sexys se había quedado sin una de sus componentes, pero tenía su dorsal y no podíamos permitir que se quedara ahí en una bolsa, queríamos que ella corriera esa carrera con nosotras y aunque la llevábamos todas y cada una en su corazón, que su dorsal cruzara la meta sería una manera de garantizar que un día su lucha tendrá un fin.

Daba igual quien lo llevara, pero mi hija quiso hacerlo y yo me sentí feliz y orgullosa de que así fuera, y yo corría a su lado o más bien ella al mío porque corre mucho más que yo, y aunque sé que mi hija no era muy consciente de todo lo que esto significaba para mí y para todas las mujeres, fue muy emocionante el hecho de estar compartiéndolo con ella.

La carrera terminó y durante unos días todo el mundo hablará de ella, de lo emocionante que era la marea de camisetas rosas, de cuantas éramos, de qué bonito, de que emocionante, de que ganas de que llegue la próxima, pero pronto volveremos a nuestra rutina, a nuestras vidas y ese día quedará en el recuerdo.

Pero no para ellas, para esas mujeres que están luchando día a día por ello o como nuestra “mujer” que acaba de iniciar su lucha… la carrera no ha terminado, ellas siguen corriendo y todas nosotras —las que estuvimos el domingo allí y muchas y muchos que no pudieron hacerlo— queremos correr a su lado, queremos que sepan que no están solas, que su lucha es nuestra lucha y que soñamos con un día en que este bonito día, esta carrera tan especial… deje de celebrarse porque no habrá motivo para ello y sólo entonces habremos llegado a la meta.

Informa: Pepa Deogracia | Fotos: Colectivo de Mujeres de Puçol

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09 Abril 2014
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