El karaoke acabó con los festeros y el alcalde cantando ante una plaza que no salía de su asombro
La novedad del karaoke en las fiestas era en el fondo una necesidad: un acto de poco coste y mucha participación, perfecto para el perfil de unas fiestas marcadas por la austeridad. Pero las dos noches dieron mucho de sí: no sólo participación de los vecinos, sino también de los festeros e incluso del alcalde, que también se animó a cantar desde el escenario.
Era una de las consecuencias de la crisis, que ha obligado a aguzar el ingenio y buscar alternativas baratas para las noches de fiesta, por eso se esperaba con especial interés la doble jornada dedicada al karaoke en la Plaça del País Valencia: el lunes 31 de agosto las semifinales, y el martes 1 de septiembre la gran final... y algunas sorpresas.
Si la jornada de semifinales fue sorprendente, no ya por el nivel de los participantes (que de todo hubo) sino por la presencia de mucho público en la plaza, la del martes fue una noche de luz, color, sonido y un guión que ni el más ingenioso creador desitcoms televisivas habría podido imaginar.
Para empezar, la presentación técnica fue impecable: una pantalla gigante ayudaba a seguir la letra a los aproximadamente mil espectadores que merodeaban por la plaza y alrededores (donde los chiringuitos de festeros hacían su agosto precisamente cuando ya arrancaba el mes de septiembre). La el sonido era impecable y la luz, más generosa que en anteriores actuaciones festivas, inundaba el escenario y los vestía con un toque de color que ayudaba a los aspirantes a triunfitos a situarse para el espectáculo.

Para continuar, Pepe Bonacho abandonó por una noche las funciones de manager general y organizador del evento para ponerse el mono de faena (en este caso una camisa a cuadros que bien podría haber pertenecido a El Titi) y presentar las actuaciones, combinando chistes con buen humor y un amago de ponerse él también a cantar, aunque finalmente no hubo lugar a tal proeza.
En tercer lugar, sobre el escenario no sólo actuaron los finalistas de la noche anterior, sino que un buen grupo de novatos quiso actuar así, de sopetón, sin estar previsto en el guión, siendo conscientes de que no podían acceder ya a los premios (formados por equipos de música y unhome-cinema, gentileza todo ello de unos festeros cada vez más integrados en las fiestas, ahora que el susto inicial ya ha pasado), pero ansiosos por colaborar en las fiestas, por participar en la nueva experiencia y, por qué no, por exhibir unas facultades vocales que en muchos casos eran notables y en otros... pues eso, lo importante es participar.
Los festeros, siempre ellos, tampoco quisieron dejar pasar la ocasión de colaborar a fondo y los casados ofrecieron una brillante interpretación (con ambientación y todo, a base de sombrillas y bañadores de época) de un clásico de su época: Eva María, aquella canción de los sesenta (sí, sí, del siglo pasado) que nos dejó a todos preguntándonos lo mismo: "¿Qué voy a hacer, qué voy a hacer". Y eso que todos ya sabíamos la respuesta: "¿qué voy a hacer si Eva María se fue?".
Pero el más difícil lo puso una pareja de festeros que le echó bemoles al asunto: el Dúo Pimpinela actuó en directo, travestida ella, eso sí, en la figura de un festero con depilaciones pendientes desde hace varios años. Si el aspecto de "ella" era cualquier cosa menos femenino, su voz, en cambio, sonaba casi casi como el original. Otra de las sorpresas de una noche que aún no había tocado techo.

Y es que, mientras el jurado deliberaba, hubo otra actuación fuera del guión: si en su discurso de presentación de las fiestas José Vicente Martí, el alcalde, había asegurado que él había cambiado la pizarra por las nuevas obligaciones, pero seguía siendo el mismo de siempre, en la noche de los karaokes tuvo ocasión de demostrar que sus palabras no se las había llevado el viento.
Empujado por los festeros (bueno, tampoco hizo falta insistir demasiado: se subió al carro en seguida), José Vicente se atrevió con un clásico de todos los tiempos, el Mediterráneo de Serrat, y ofreció una actuación sobria y elegante, para cerrar una noche que ya apunta a cita obligada en próximas fiestas populares y patronales.
Por cierto, también hubo premios. Tres, para ser exactos. Y aunque en todo momento quedó claro que lo importante es participar, los cuatro que tuvieron que subir al escenario a recoger los detalles (sí, cuatro: la tercera posición fue para un dúo) lo hicieron con la sonrisa propia del que ha visto colmado alguno de sus sueños.
Un hiperactivo Francisco (que también actuó durante la noche formando parte de un trío) recogió de manos del cap dels festers su tercer premio. El segundo fue para Sara y Tamara por su interpretación del tema Cómo hablar de Amaral. Y una radiante Sandra Lozano, esa joven que no se atrevía a actuar y que subió al escenario la noche del lunes "casi sin querer", porque le daba algo de vergüenza, recibió de manos del alcalde un primer premio que la plaza aplaudió por unanimidad: su Bésame mucho, cuyo bis fue coreado por los festeros sobre el escenario, fue, con diferencia, la interpretación más emotiva de la noche. Operación Triunfo ya tiene candidata para la próxima edición.



