La cruz de piedra del cementerio ya luce la placa en homenaje al «mestre pedrapiquer» Vicente Soriano
Desde hace años, los hermanos Vicente y Fernando Claramunt vienen reivindicando la memoria de su abuelo Vicente Soriano Franco, el creador de la cruz de piedra situada en la avenida Molí de Vent a mediados del siglo XX, que fue trasladada al interior del cementerio con la remodelación de la avenida hace 40 años. A finales de 2021, por fin han podido colocar la placa homenaje al mestre pedrapiquer, cuya hija, Vicenta Pilar Soriano Claramunt, cedió la cruz a la iglesia para instalarla en el cementerio parroquial y desde entonces ha reclamado algún tipo de homenaje al hombre que reconstruyó la cruz original.
A veces, el tesón puede más que las inclemencias de todo tipo. No importa el valor histórico de un pequeño monumento, sino su valor testimonial. Toda piedra hace pared y rescatar una parte del patrimonio, por pequeño que sea, es algo que siempre debemos valorar.
Así lo demostró Vicent Soriano, un pedrapiquer que se empeñó en reconstruir una cruz de piedra destrozada en la Guerra Civil. Y dedicó parte de su vida a buscar las piezas para completar su obra.
También lo demostró su hija, Vicenta Pilar, que luchó por recuperar la memoria de su padre para que ese trabajo desinteresado no se perdiera.
Y así lo han demostrado ahora sus nietos que, tras años de reclamaciones, han logrado que en el cementerio parroquial se reconozca el trabajo de su abuelo, aquel pedrapiquer que empeñó su tiempo libre en recuperar un sencillo y emotivo monumento de su pueblo, Puçol.
Hoy, su nieto Fernando Claramunt lo recuerda como un hombre abierto a colaborar con todos: «Vicent Soriano Franco, natural de Puçol, fue un pedrapiquer de la cantera del Monte Picayo, además de una persona de mucha fe, ya que participó en representaciones bíblicas que se hacían en las calles durante las procesiones. Al terminar la Guerra Civil, la cruz de piedra había sido destruida durante la contienda, al descubrirlo, nuestro abuelo, con restos de la original y algunos añadidos fue reconstruyéndola y la acabó unos años antes de morir».
Así, simplificada, parece fácil. La historia es algo más compleja, como siempre.
Vicente Claramunt aporta detalles sobre la cruz y el esfuerzo de su abuelo: «La cruz metálica que corona hoy el conjunto no es la original y la base, como se puede comprobar a simple vista, está formada por fragmentos originales de distintos tamaños, a los que se han añadido otros para completar la forma original. Fue nuestro abuelo quien se ocupó, en su tiempo libre, de buscar, recoger, montar y, finalmente, tallar los elementos que faltaban».

Un trabajo de investigación y de reconstrucción de un profesional acostumbrado a trabajar en las canteras del Monte Picayo. Y todo este trabajo lo vivió en primera persona su hija, Vicenta Pilar, que fue la que comenzó años después a reivindicar este trabajo anónimo. Finalmente, han sido sus nietos quienes han logrado finalizarlo.
«La cruz original había sido desmontada a pedazos y tirada en el suelo, junto a la tapia del cementerio, hasta que nuestra madre, Vicenta Pilar Soriano Claramunt, la Soldà, hija de Vicent, reivindicó y puso en valor su importancia… un esfuerzo que tuvo su recompensa: finalmente la cruz se montó dentro del cementerio, frente a la capilla, donde hoy podemos disfrutarla», finaliza Fernando.
La cruz, más allá de su valor histórico, representa el esfuerzo de una familia por lograr el reconocimiento a una persona que trabajó desinteresadamente por la población, reconstruyendola por su cuenta, en su tiempo libre, buscando los fragmentos y trabajando para devolver el esplendor que tenía la original.
La placa colocada al pie de la cruz incluye un texto muy sencillo: «Cruz realizada por el maestro pedrapiquer Vicente Soriano Franco, cedida a la iglesia por Vicenta Pilar Soriano Claramunt, la Soldà».
La familia, satisfecha con el reconocimiento al abuelo picapedrer, no pedía más que este humilde homenaje: que no olvidemos el esfuerzo desinteresado de alguien que amaba su trabajo y su pueblo.
Informa y fotos: Sabín


