Todo lo que usted siempre quiso saber sobre “En pie de guerra” y nunca se atrevió a preguntar
El próximo martes día 6 de diciembre, Carabau Teatre presenta en el Espai Jove de Puçol, su espectáculo En pie de guerra. En nuestro afán de acercar esta noticia a nuestros lectores, quedamos con sus miembros en un local de la población a hacernos un café para conocerlos mejor a ellos y a su espectáculo: nunca imaginamos que podría ser una misión imposible.
Son (somos) puntuales. Nos sentamos después de un rápido y simpático saludo. Intercambiamos unas fórmulas de cortesía. Enseguida se nota que son buena gente, de esa que invitarías un domingo a comer a casa de tus padres sin el temor de que te monten un número. Cuando saco la grabadora todos la miran con respeto. Se hace el silencio. Lanzo la primera pregunta sobre la mesa, esperando que alguien la recoja.
—Para ser un grupo aficionado parece ser que os movéis bastante. No paráis: Segovia, Madrid, Ávila, Salamanca, Girona… Y además con varios premios. Enhorabuena. ¿Cuál es vuestro truco?
Nadie se da por aludido. Uno mira por la ventana, otro silba, el de las gafas de culo de vaso está pendiente de la camarera (yo también lo estaría si no fuera porque es la novia de un amigo mío). Es como si la cosa no fuera con ellos.
Me dirijo con la mirada a R, la persona que tengo justo enfrente leyendo una frase de esas que se imprimen en los sobres de azúcar. Le espeto mi segunda pregunta con la seguridad que encontraré en él la respuesta que antes no he conseguido.
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Un tal Xema Palanca dirige a un grupo indeterminado de individuos camuflados bajo el nombre de Carabau Teatre. Su última obra, En pie de guerra, parece una comedia, pero esconde un trasfondo bélico crítico e incisivo. Sin duda, no es un simple pasatiempo, es algo mash... |
—El título de la obra, En pie de guerra, es una expresión que alude a la guerra. ¿Es así? ¿Se trata de una obra de teatro bélica?
—Sí.
—Pero en las fotografías de vuestro dossier aparecéis con narices de payaso.
—Sí.
—¿Eso quiere decir que es una comedia?
—Sí.
—¿Podemos hablar entonces de una comedia-bélica?
—Sí.
—Hummm, vaya… parece una propuesta muy original. No es habitual llevar el tema bélico a los escenarios, y mucho menos en clave de comedia.
Rápidamente entiendo que tal vez R no sea mi mejor interlocutor. Entonces le dedico una mirada a D. Es una persona de mirada seductora, que se complementa a la perfección con una atractiva sonrisa. Es el más alto de los cuatro. Lo recuerdo en el vídeo con el casco y el uniforme de soldado. Nadie diría que ese aguerrido sargento es la persona que ahora tengo al otro lado de mesa: con un café entre las manos, diluyendo con sumo cuidado el azúcar con la cucharilla de manera que más que agitando el café podríamos decir que está acariciándolo. Me doy cuenta que si no es el guapo del grupo, sí que es el simpático.
—¿Y cómo se puede hacer humor de algo tan serio como la guerra?
—Pues verás...
Suena un móvil. Pero no un móvil cualquiera. Es el móvil de la persona con la que estoy hablando. “Perdón” —dice, y se retira a un lugar alejado de la mesa para atender la llamada. Empiezo a pensar que tal vez hubiera sido mucho más cómodo haber realizado la entrevista por teléfono. Seguro que como poco me atenderían. Mi cabeza empieza a maquinar quién pagará los cafés.
Ahora le pregunto a L. Es el más joven del grupo.
—Pero vosotros no sois los autores del texto, sino un grupo aragonés de teatro llamado los McClown. ¿Cómo ha sido vuestra relación con ellos?
—¿...?
—Ya, ya veo. Quiero decir que ¿cómo surgió la idea de hacer una obra de ellos? ¿Visteis su montaje? ¿Cómo llegasteis a él?
—¿...!
—¿Estáis contentos con la trayectoria del espectáculo?
—¡...!
Tan solo me queda preguntar a R. Pero no al primer R sino a otro componente que también se llama R. Para no confundir al lector, lo llamaré R2D2.
—Esto de hacer el payaso ¿es muy difícil?
—No creo. Tuvimos muchas dudas sobre si realizar la obra con o sin nariz roja. Al final nos decidimos por ponérnosla. Y no nos arrepentimos.
—¿Tenéis nuevos proyectos entre manos?
—Pues claro, siempre hay que tener proyectos entre manos. Aunque es mejor no hablar de ellos: el futuro es tan incierto...
Levanta la mano pidiendo la cuenta. Respiro. No es por ser tacaño, sino porque recuerdo que he salido de casa solo con unas monedas que son totalmente insuficientes para pagar la ronda. Observo a estos actores.
Recuerdo que en el vídeo de la obra que representarán el 6 de diciembre en el Espai Jove de Puçol me hicieron sonreír más de una vez. Dudo si no seré una víctima de una cámara oculta. ¿Quién sabe? Con esta gente...
Retiro la grabadora de la mesa. En ese preciso momento todo se transforma, todo vuelve a una sencilla normalidad. D cierra el móvil y se acerca a la mesa, R me pregunta sobre mi trabajo, R2D2 aporta anécdotas jugosas sobre sus pequeñas giras. Incluso L se suma a la conversación con comentarios jocosos y pequeñas bromas verbales.
Intento empaparme de todo lo que dicen. No habrá entrevista con declaraciones al uso. Deberé de trabajar más de lo que pensaba. Habré de escribir y transmitir la animosidad de este gente con ganas de hacer teatro (con los tiempos que corren).
Coordinación entrevista (o algo así): Xema Palanca y Sabín

