Para potenciar los deportes minoritarios debemos empezar por los colegios
Sábado, 1 de febrero. Jornadas escolares de atletismo en el Polideportivo Municipal. Cristina ha superado 1’05 metros en la prueba de salto de altura. Al comprobar sus excelentes marcas en otras pruebas, Jacinto Gonzálvez, el profesor de atletismo, le propone que venga el martes por la tarde a las clases de la escuela de atletismo. Pero Cristina tiene esa tarde música, y el resto de los días de la semana danza e informática. Quizá en un par de meses finalice alguno de los cursos y pueda acercarse porque, pese a todo, el atletismo le gusta... “y ése es el gran problema que nos encontramos, los chicos y chicas tienen la semana llena de actividades extraescolares y, por si fuera poco, a los padres les cuesta mucho subirlos al poli los martes y jueves por la tarde, sobre todo en invierno, con el frío que hace”. Jacinto llegó hace ocho años a Puçol, para hacerse cargo de la escuela de atletismo. Tras una esforzada campaña en los colegios públicos, apenas logró catorce alumnos durante el primer curso. Incansable, como buen atleta que es, ha seguido año tras año su particular prueba de fondo, hasta alcanzar en algún curso los 32 alumnos, “lo que, de todas formas, es un número muy bajo para una población como Puçol”. Ahora utiliza otros métodos de promoción, como las olimpiadas celebradas el pasado día 1 de febrero en el Polideportivo, con pruebas de 50 metros lisos, 50 metros vallas, longitud, peso, altura y, para finalizar, tres pruebas de fondo competitivas: 500 metros para benjamines, 600 para alevines y 800 para infantiles. La prueba final la realizaban sobre todo para que los chicos pudieran competir, que es lo que más les gusta, y llevarse a casa no sólo una camiseta de recuerdo, sino también una medalla: “vamos a organizar cinco jornadas de este tipo a lo largo del año, para captar alumnos, pero la clave está en apostar por el deporte base en los colegios y eso depende de una voluntad política. En Puçol, todo lo que no sea fútbol está bajo mínimos”. Una prueba difícil a la que se enfrenta, “casi una carrera de obstáculos”, como reconoce el propio Jacinto, ya que el balón tira mucho más que el foso de arena, la pista de tratan o la pértiga. Pero su maratoniana labor va dando sus frutos: en las olimpiadas del sábado le acompañaban ocho monitores, todos ellos alumnos de la escuela de atletismo, dispuestos a echar una mano y convencer a los más jóvenes de los beneficios de practicar deporte. Los cimientos ya están puestos, ahora falta que Cristina (que, naturalmente, también se impuso en la prueba final de 800 metros lisos) encuentre un hueco en su apretada agenda vespertina y que sus padres y los de algunos amigos se animen a acercarlos un par de tardes a la semana al poli. Quizá mientras sus hijos entrenan, ellos puedan tomar un café, jugar al tenis o relajarse del ajetreo diario disfrutando de un baño en la piscina cubierta... a fin de cuentas, las instalaciones deportivas municipales ofrecen una oferta para todos los gustos.
