Sant Miquel, una tradición que mejora con los años... como el buen vino

Sant Miquel, una tradición que mejora con los años... como el buen vino

Tras finalizar las fiestas populares y patronales, el 10 de septiembre, seis vecinos de la calle Sant Miquel se pusieron manos a la obra para concretar el programa de actividades de su propia fiesta, mucho menos ambiciosa, como corresponde a una sola calle del casco antiguo... pero también una fiesta con gran tradición y, sobre todo, realizada con la máxima ilusión.

''Comenzamos pidiendo a los vecinos de la calle una aportación voluntaria de doce euros, con los que pensábamos que podríamos cubrir todos los actos previstos'' -recuerda Mari Carmen Siurana, una de las organizadoras-. ''Aunque hubo alguna persona mayor que se mostró más titubeante, al final reunimos el dinero que, sumado a las subvención que nos dio el Ayuntamiento, nos permitió contratar la música, comprar las flores, pagar la misa, adquirir una traca corrida y, en definitiva, costear las cenas de sobaquillo de todos los vecinos''.

El programa comenzó el domingo 26 de septiembre, con la colocación de banderas entre todos los vecinos. Y, a partir del lunes, fiesta y diversión, pero sin que faltase ningún día la buena comida, porque si ese día era la noche de paellas (acompañadas con charanga hasta la una de la madrugada), el martes hubo chocolatá y cena de sobaquillo, y el miércoles, nuevamente todos a comer juntos en la calle.


''Las comidas y cenas son una fórmula perfecta para que los vecinos pasemos más tiempo juntos, a ello ayuda la cerveza y un buen vino. Pero también organizamos los demás actos: desde el toro embolado Miguelito, que ya sabéis que es un toro de cartón, hasta la subida del santo por toda la calle para que todos los vecinos, incluso los más mayores, puedan verlo''.

Mari Carmen tiene claro que esta tradición que nace en el siglo XIX, aunque arraiga en la calle tras la guerra civil (''porque entonces no había dinero y hubo que embolar un toro de cartón, al que seguimos llamando cariñosamente Miguelito''), debe mantenerse año tras año, porque ayuda a los vecinos a integrarse, a disfrutar unos de otros, como lo demuestra la multitudinaria cabalgata en la que hasta los más reacios acaban desfilando sin miedo al ridículo: vampiros, fantasmas, brujas, exorcistas, poseídas... todo un cúmulo de personajes típicos detrás de los cuales muchas veces uno no acababa de acertar quién se escondía realmente.

Todo al final ha funcionado tan bien que ella lo tiene muy, muy claro: ''el año que viene repetiré como parte de la organización, porque cuando estás en el follón disfrutas mucho más''.

 

22 Octubre 2004
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