Crónica taurina del 11 de septiembre, por Alfonso Ávila
Al igual que el año anterior, la comisión decidió trasladar las desencajonadas a las calles estrechas de la parte alta del recinto. Esto conlleva, que las desencajonadas sean vistas en un número menor de gente y desaparezca el ambiente festivo reinante en los cadafales, pero en contraposición, traslada la fiesta taurina a calles alejadas del epicentro taurino y crea un clima de emoción al soltar los toros, ya que en la calle estrecha y vertida de arena, el toro goza de más ventajas y no es tan atosigado por los rodadores. En definitiva, un día más en estas fiestas, la polémica estaba servida.
En primer lugar fue soltado desde la calle San Antonio, el toro que atendía al nombre de Esclavo, marcado con el nº 59 de la ganadería sevillana de Hermanos Puerta. Toro negro jirón, el cual protagonizó una rápida salida sin fijeza alguna, aunque a los pocos minutos comenzó a entregarse en los cites de los aficionados.
Por la noche, mermado de facultades, se le dejó que consumiera las bolas. Tras este toro, y esta vez, en la calle San Miguel, se desencajonó el toro Remendado, marcado con el nº 73 de la ganadería gaditana de Carlos Nuñez. Toro muy corpulento para su encaste, que se defendió bien por las calles, siendo un poco reservón a la hora de embestir, pero con peligro cuando lo hacía. A continuación se soltó de corro el toro Amoroso de Jaime Domenech. Seguidamente, se soltaron vaquillas del ganadero del mismo ganadero. Como es tradicional, al finalizar la tarde se emboló una vaca ,cortando la cuerda el aficionado local ''Camilet''. En esta embolada, debutaron en las calles de Puçol, las emboladoras valencianas, las cuales embolaron un toro por la noche, al igual que ''Emboladors de l'art'' y José Comes. Paco García, Raúl Beltrán y Ramón Cordón fueron los encargados de liberar los toros del pilón.

Para finalizar la noche, fue embolado el toro Belicoso de Jaime Doménech. Toro que corrió todo el recinto con rápidas embestidas, sin parar un solo momento.
Tal vez, habría que empezar a plantearse seriamente en Puçol, el embolar los toros de ganado, en un segundo lugar y no los últimos, pues pienso que lucirían mucho más, y las noches no serían tan aburridas.
No quisiera pasar por alto, la lamentable actuación del ganadero Jaime Domenech. Es la segunda vez que actúa en este recorrido y la segunda en el que reina un desconcierto general a la hora de encerrar el ganado con los cabestros, con la consiguiente huída de los mismos en un recinto de grandes dimensiones.
Respecto al toro embolado, su presentación dejaba mucho que desear. Menos mal que cumplió.
Una crónica de Alfonso Ávila.