El acto cívico rinde homenaje al padre Víctor Zabala
''En la vorágine de las fiestas, no podemos olvidarnos de los marginados, de los que no pueden disfrutar de las fiestas. Unas estructuras capitalistas injustas hacen que muchos sufran, pero Puçol es un pueblo solidario y por eso debemos conservar este momento de reflexión, este grano de arena que aportamos para conseguir un mundo mejor''. Con estas palabras justificaba Salvador Claramunt, concejal de Servicios Sociales, la existencia de un acto cívico durante las fiestas populares y patronales de Puçol.
Desde que se instauró en la década de los noventa, la noche del acto cívico comienza con una cena popular y continúa con un homenaje a una persona, un colectivo o una entidad cuya labor por un mundo más justo merece ser tenida en cuenta. Tras sus palabras y entregarle una placa conmemorativa, una traca recorre toda la plaza del País Valencià, para acabar prendiendo un pebetero, cuya llama permanecerá encendida durante todas las fiestas, como recuerdo de este gesto solidario.
Este año, la noche del jueves 2 de septiembre se rindió homenaje al sacerdote Víctor Zabala Iturralde, un hombre muy querido en Puçol por haber sido el fundador del centro júnior Caminar en 1970, pero cuya labor se extiende desde los campos de misioneros colombianos hasta las labores de lucha contra el sida en la República Centroafricana.
''En África la situación es cada vez peor, por lo que no sólo nos ocupamos de la labor religiosa, sino también de tareas sanitarias''. Hablando con calma, intentando transmitir serenidad a una plaza en plena ebullición, Víctor Zabala no sólo agradeció el homenaje de un pueblo que lleva en el corazón, sino que aprovechó su estancia en el escenario para explicar de la manera más didáctica posible cuáles son las tareas pendientes en un lugar como la República Centroafricana: ''estamos mentalizando a los hombres de que deben trabajar ellos también y no sólo las mujeres, y ya hemos conseguido que algunos comienzan a ocuparse de las tierras de cultivo. Pero el golpe de estado que se vivió en el país supuso un grave retroceso, porque desapareció la granja en la que dábamos trabajo a los jóvenes y adultos de la zona. Además, con el gobierno de Bokassa se nacionalizaron las escuelas y universidades, lo que supuso un retroceso brutal para la educación, por la falta de inversiones. Ahora estamos retomando la educación con el nuevo gobierno, lo que supone invertir no sólo en construir escuelas, sino también en formar profesores, incluso laicos. Toda ayuda es poca''.

Tras recibir de manos del concejal de fiestas, Juan Claramunt, la placa que le rinde homenaje, fue el niño Jaume García Domingo el encargado de encender la traca que, rodeando la plaza, acabó prendiendo la llama.
Antes, durante la cena, y después, en las charlas distendidas con sus amigos de Puçol, Víctor Zabala no para de recibir felicitaciones y de recordar una y otra vez cuál es su trayectoria. Nacido en Durango en 1950, entró a formar parte de los Misioneros Colombianos a la edad de diecinueve años y, apenas un año después, recibió el encargo de Enrique Viñals, párroco de Puçol, de fundar el movimiento júnior local. Se ordenó sacerdote en 1977 y siete años después viaja por primera vez a la República Centroafricana.
''Allí permanecí hasta 1992, trabajando en la selva con los pigmeos, abriendo escuelas y montando campos de trabajo donde los jóvenes pudieran aprender oficios básicos, como albañilería, carpintería o electricidad''.
Otro de sus amores, Galicia, aparece en su vida cinco años después, cuando regresa a España para vivir seis años entregado a la labor de promotor juvenil en tierras gallegas y en Puçol, una población que visita con frecuencia.
Tras regresar en 1998 a Africa comenzó a trabajar en un orfanato donde acogían
