Miguel David, fotógrafo de los recuerdos, expone su obra en la Casa de Cultura
Afirma sin ningún rubor que suele vegetar en Manises aunque vivir, lo que se dice vivir, es algo que realiza en Moraira siempre que puede. Ha sido fotógrafo desde siempre, pero antes trabajaba con diapositivas y su carácter exigente y perfeccionista no le permitía aceptar que fuese el laboratorio quien tuviera la última palabra. Por eso se cambió al blanco y negro, para controlar el revelado y poder experimentar con total libertad.
Después de varios años ganando certámenes de fotografía a lo largo de la Comunidad Valenciana (Valencia, Puerto de Sagunto, Onda, Villarreal) y del resto del mundo (Austria, Dinamarca, Mississippi), Miguel David ha hecho un alto en el camino para reflexionar. Y fruto de esa reflexión ha sido diseñar un libro que recoja gran parte de su obra.
''Me di cuenta que no tenía un catálogo decente, un lugar donde mostrar mi producción'' -explica el fotógrafo-, ''por eso me planteé realizar este libro, en el que se recoge gran parte de mi trabajo. Pero editar un libro es complicado, de ahí que me acercase a distintas casas de cultura para que participaran en el proyecto. A cambio de su apoyo, yo les ofrezco una retrospectiva de mi obra para exponer''.
Y eso es lo que está haciendo desde el 2 de junio en la Casa de Cultura de Puçol. El libro Diario de un fotógrafo y una buena muestra de sus distintas colecciones fotográficas viajarán también a Quart de Poblet, Paterna, Chiva, Requena, Sagunto, Almusafes y Xirivella, los pueblos que han colaborado en que el proyecto pueda salir adelante.
''Desde que expuse por primera vez en 1995, en el Corral del Pato de Gata de Gorgos, han sido muchas las exposiciones en la Comunidad Valenciana, como la CAM en Valencia y Torrente, o Bancaixa en Sagunto'' -continúa recordando Miguel David-, ''pero es la primera vez que una muestra recorre tantas poblaciones de forma consecutiva''.

También es la primera vez en que muestra sus colecciones de fotos ''movidas'' en estudio (todas ellas realizadas en formato 6x6), junto a fotos ''movidas'' en exteriores (realizadas con una cámara de 35 mm. durante sus numerosos viajes por todo el mundo), algunos retratos (siempre de personas allegadas al autor) y, como colofón, algunas fotos de corte paisajístico (centradas sobre todo en su lugar más querido: Moraira).
Precisamente llaman la atención sus dos fotos de paisajes expuestas en Puçol, sobre todo porque su esteticismo poco tiene que ver con el resto de fotografías expuestas: ''las hice para demostrar que no tengo Parkinson, que si muevo la cámara al disparar es porque me interesa ese lenguaje, y que sé hacer otro tipo de fotografía más esteticista, aunque no es prioritario para mí''.
Lo prioritario para Miguel David es el control, sobre todo del movimiento. Una pasión que comenzó igual que con todos los mortales, como simple fotografía de recuerdos de viajes, pero pronto ese detalle se convirtió en la clave de su técnica: ''empecé haciendo fotos de recuerdos, pero como los recuerdos se difuminan con el paso del tiempo, decidí que las fotos también tuvieran ese carácter borroso''.
