Opinión de Unión Valenciana: 'a veces, ocho no son ocho'
Han pasado ocho meses desde que el nuevo gobierno, ¡un cuatripartito!, se hizo cargo de llevar adelante la gestión de nuestro municipio. Nadie podía pensar hace años que Puçol sería gobernado por cuatro partidos de ideologías tan distintas, pero -al mismo tiempo- tan coordinadas. La respuesta es muy sencilla: ''era cuestión de cordura y de buena voluntad'', pero, sobre todo, de aceptar una realidad incuestionable que está ahí: ''sabemos que lo que realmente importa son nuestros vecinos y el conjunto de la sociedad que conforma nuestro pueblo''.
La moción de censura no fue gratuita. Era una necesidad bien justificada y claramente justificable. Ahora hemos podido mostrar a nuestros vecinos y vecinas que ''la política local es un instrumento al servicio del pueblo y no al contrario''; era cuestión de que los ciudadanos pudieran darse cuenta que los políticos que los representan son gestores ''interinos'' y no están a perpetuidad''. El Ayuntamiento es como una empresa, pero que se diferencia de la privada en que la gerencia no es de uno mismo, sino que puede haber un recambio, y así sucedió. Y con una particularidad muy importante que justifica la moción: ''los políticos debemos obligatoriamente salvaguardar los intereses de todos y cada uno de los puçolenses'', y eso significa que ''hemos de velar por una buena gestión económica y patrimonial y por el buen funcionamiento de todos y cada uno de los departamentos que gestionan las áreas que se ponen al servicio de todos''.
No está siendo fácil desarrollar las funciones del gobierno municipal y las funciones de fiscalizar y aclarar aquellos asuntos que provocaron la moción de censura al anterior gobierno socialista.
Y es que quien gobierna tiene que tener suficiente capacidad como para llevar a término las cuestiones relativas a la gestión diaria municipal y, al mismo tiempo, intentar subsanar aquellas deficiencias que pudieran haberse observado y contraído a lo largo del tiempo.
Y no es sencillo cuando estas deficiencias son muchas, cuando estas deficiencias son importantes y cuando llegan a ser de un calado que se arrastra durante mucho tiempo. Algunas de las deficiencias observadas formaban parte de la gestión del anterior gobierno como si de una cosa normal se tratara. Y estoy hablando de deficiencias que se hubieran tenido que acometer en el momento adecuado, sin haber dejado que se convirtieran, muchas de ellas, en un cáncer de difícil curación: ''la gestión de Gespul que, desgraciadamente, todavía está presente en forma de alquileres de viviendas que se adjudicaron y que no pagan, y de multitud de reclamaciones por deficiencias en la construcción, de las que tiene que hacerse cargo el Ayuntamiento''.
Temas de personal, contrataciones laborales, bolsas de trabajo inexistentes donde tirar mano en caso de necesidad, son asuntos que hemos encontrado sin resolver por no tener la valentía de afrontarlos.
Por tanto, ahora nos vemos en la incomodidad y la impopularidad de tirar mano, durante un tiempo, de empresas privadas para acometer parte de la limpieza urbana e, incluso, alguna conserjería.
Departamentos completos que han venido a reivindicar, de forma individual y colectiva, antiguos compromisos, eso sí todos verbales, que habían contraído con el anterior gobierno.
Y también deberíamos hablar de ciertos departamentos en los que el ambiente no es precisamente el más idóneo, y donde concurren además cinco fuerzas sindicales para veinticuatro trabajadores. Es el caso de la policía local.
Y es que en nuestro ayuntamiento los anteriores gobernantes se habían acostumbrado -después de veinticinco años- a vivir acomodados, a sacar las cosas por inercia, a solventa
