Xavi Castillo demuestra en Puçol que divertirse es algo muy serio
La entrega de los premios de poesía, literatura y pintura ''Vila de Puçol'', realizada el viernes 3 de octubre en la cafetería de la Casa de Cultura, intentó en este ambiente retomar el espíritu inicial de esta celebración, donde lo importante es el artista, frente al oropel de otro tipo de certámenes donde lo más destacado acaba siendo la cena y el folclore, mientras los auténticos protagonistas, los autores, acaban relegados a un segundo plano.
En esta entrega de premios los autores tuvieron el protagonismo justo, aunque más del que alguno de ellos deseaba, porque a la hora de dirigirse al público para agradecer el galardón, a más de uno se le atragantaban las palabras delante del micro, quizá para recordarnos que, efectivamente, el poeta siempre se expresa mejor con la pluma que con la voz.
Pero el mal trago de los ganadores fue una mera anécdota, porque para cerrar el acto estaba prevista la actuación de Pot de Plom, es decir, un inolvidable monólogo de Xavi Castillo interpretando a dos de sus personajes más queridos: Jordiet y el abuelo.
Resulta curioso constatar cómo en apenas un mes han actuado en Puçol tres de los mejores ''monologuistas'' del país: Jeremy Williams en las fiestas, Xavi Castillo en la entrega de premios ''Vila de Puçol'' y Llorenç ''el cuentacuentos'' en los actos del 9 de octubre. La oportunidad de disfrutar de ellos en tan corto espacio de tiempo permite también apreciar con más claridad las diferencias entre los tres humoristas.
A Jeremy Williams le salvo la lluvia, ya lo dijimos en su día en esta misma página web, porque en la inmensidad de la Plaza del País Valencià su espectáculo estaba condenado al fracaso: necesita del calor y la proximidad del público para poder interactuar con él, de ahí que sea una actuación más adecuada para espacios cerrados. Algo similar reclama Llorenç, quien en ocasiones ha llegado a cambiar los escenarios previstos para sus actuaciones con tal de tener al público más cerca y controlar mejor sus reacciones.
Pero ahí acaban las similitudes entre ambos, porque Jeremy, aunque canta, es un narrador puro, para el que es fundamental seguir un guión, mientras Llorenç se acercaría más a la imagen del trovador, sin interés por seguir un guión y más atento a improvisar en función de las reacciones de su público, y cuando la función falla acude siempre a su prodigiosa chistera (eso sí, en forma de saco) para extraer un sorprendente artilugio con el que nuevamente engancha al público.
Xavi Castillo se diferencia de ambos en algo fundamental: Xavi es actor formado en el mundo del teatro. Estas tablas son fundamentales en su trabajo, ya que Xavi no recita el monólogo, sino que lo interpreta a través de varios personajes. Son interpretaciones sutiles, basadas en un par de gestos y alguna frase recurrente, pero en sus manos alcanzan cotas de gran comicidad. En la noche del 3 de octubre, las breves intervenciones del ''abuelo'' durante su imaginaria visita a Terra Mítica fueron recibidas con júbilo por un público entregado que comenzaba a reír con complicidad cada vez que escuchaba la expresión ''Xé, jo no recorde...''.
Y ésa es una de las mejores armas de Xavi, la complicidad con el público. Algo que se gana con pequeños trucos, como utilizar una anécdota real, propia del pueblo donde actúa, para ganarse a la audiencia: en Puçol esa anécdota era la inscripción a los cursos de natación en la piscina municipal, con las colas de vecinos la noche antes.
Cuando alguien sube a un escenario, por pequeño que sea (el escenario, no el intérprete) y comienza a compartir secretos con el público, tiene muchas posibilidades de ser acompañado sin condiciones por éste en su viaje, aunque en este caso se trate de una devastadora excursión a una Terra Mítica en la que todo se viene abajo... algo no tan lejano de la realidad porque, a fin de cuentas, Xavi Castil
