No hubo coches, pero tampoco fue una jornada inolvidable

No hubo coches, pero tampoco fue una jornada inolvidable

Desde hace cuatro años Puçol viene celebrando el ''Día sin coches'', una jornada destinada a concienciar a los vecinos de una idea muy atractiva sobre el papel: es posible vivir y disfrutar de nuestro pueblo sin necesidad de utilizar continuamente el coche.

Esta celebración, una de las que tienen una fecha reservada en el calendario internacional, parece ser más fruto de una moda o de una conciencia momentánea que realmente fruto de la reflexión de nuestros vecinos. Y cuando decimos vecinos nos referimos a todos los españoles, a los que parece que cada vez nos cuesta más utilizar el transporte público, pasear en bicicleta o simplemente andar por nuestras calles.

Este año el ''Día internacional sin coches'' se celebró en toda España en la segunda quincena de septiembre, incluso en día laborable, para comprobar cuál era el efecto de la celebración. Las crónicas difundidas por la prensa nacional hablan de una escasa repercusión.

En Puçol, conscientes de la dificultad de encajar la conciencia medioambiental de los vecinos con el ajetreo cotidiano del trabajo, la nueva concejal de medio ambiente, Inmaculada Arcos, prefirió tomarse las cosas con calma y trasladar la fecha: ''elegimos el primer domingo de octubre, el día 5, porque al ser festivo había más posibilidades de arrastrar a los vecinos hacia los actos lúdicos programados y también porque así lográbamos conectarlo con las actividades culturales programadas en torno al 9 de octubre''.

Dos objetivos loables que, a priori, garantizaban una mayor presencia de público en los actos programados. Sin embargo no sucedió así. Como en ediciones anteriores, fueron las calles del casco antiguo las que quedaron cerradas al tráfico de coches y motos, permitiéndose sólo el uso de bicicletas. Pero hubo pocos participantes en el paseo en bici organizado a las doce del mediodía. Y, desde luego, menos que en años anteriores.

También hubo menos plantas en la calle. La idea, sencilla y emotiva, consiste simplemente en eso, en invitar a los vecinos de estas calles a que adornen sus fachadas con plantas, al tiempo que pueden sacar mesas, sillas y demás utensilios caseros para disfrutar, aunque sea por un día, de esas calles que siempre están dominadas por largas hileras de coches aparcados. Pues no, no se animaron demasiado los vecinos. Las largas calles vacías de coches y llenas de plantas eran este año simplemente largas calles vacías de coches... y algunas plantas diseminadas aquí y allá.

¿Quizá no se anunció bastante? Difícil de creer, cuando el acto iba publicado en la programación general del 9 de octubre que se repartió en toda la población. ¿No funcionó el boca a boca? ¿Ya no está de moda ir en bici? ¿No había actos atractivos programados?

Son interrogantes de difícil respuesta, pero la programación no distaba mucho de otros años, por lo que habrá que buscar la explicación en una falta de interés por el ''día sin coches'' o quizá el tipo de actos programados ya no resulta atractivo a los vecinos.

Aunque no debe ser esta última la explicación, porque los talleres montados en la Plaça Joan de Ribera por el Grupo Ecologista La Costera sí contaron con niños entusiastas que querían llevarse a casa un marco de cartón, un dibujo o cualquier otro recuerdo de esos que ''permiten aprender mientras uno se divierte''. Y tampoco anduvo mal de público el teatro de calle a cargo de la compañía Xip Xap.

Luego los actos puramente lúdicos siguen funcionando. Quizá, como vecinos de Puçol que somos, debamos preguntarnos qué significa para nosotros el ''día sin coches'', además de una obra de teatro o un taller gratis. Y, sobre todo, deberíamos contestarnos a una pregunta: si no estamos dispuestos siquiera a colaborar sacando nuestras plantas a la calle, ¿qué podemos hacer entre todos para que realmente ese día signifique algo para toda la población?


16 Octubre 2003
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