Llorenç, un maestro que vive del cuento
Es cuentacuentos, músico, maestro, mago y amigo de los niños. Habla siempre en valenciano. Defiende la huerta y lo popular hasta en la forma de vestir. Le encanta estar rodeado de los más pequeños. Y siempre sabe cómo sacar una sonrisa, cuando no una amplia carcajada, de todos aquellos que se sientan a su alrededor para participar de esa tradición ancestral que consiste en entusiasmar a la audiencia sólo con una buena narración.
Bueno, sólo no, porque Llorenç lleva siempre una enorme bolsa de la que, cual chistera de un travieso mago, no para de extraer todo tipo de artilugios que sirven para animar a leer, pero también para reír, aplaudir, cantar y, en definitiva, disfrutar en compañía.
''A mí me llaman Juan, pero cuando estornudo me dicen Jesús''. Es un chiste, pero contado en el momento preciso, justo después del estornudo de uno de los asistentes a la función, se convierte en algo más, demuestra la permanente interacción entre Llorenç y su público: uno que se asusta, otro que no se atreve a aplaudir por timidez, una que se esconde tras la silla cuando se le acerca el supuesto mago, aquella que acude al acto con su inseparable muñeco... todos ellos forman parte del espectáculo, sobre todo porque con Llorenç es una utopía permanecer impasible en la sala, uno se ve obligado a cantar, aplaudir, bailar, contar historias y quién sabe cuántas cosas más.
Y todo ello sin ningún tipo de tramoya: ni luces, ni decorado, ni música, ni vestuario, sólo Llorenç, su voz y su inseparable bolsa-chistera. ''Por eso exijo espacios cerrados, para poder ver al público. Mi fuerza está en el contacto directo, además no uso micrófono, porque así cualquiera puede participar en el espectáculo y contar un cuento o cantar una canción sin necesidad de ningún artilugio''. Un razonamiento lógico que demuestra su efectividad cada vez que reúne un buen puñado de ansiosos espectadores en cualquier espacio, sea una plaza del pueblo (''pero sin tráfico, si no es imposible''), un pequeño teatro (''en los que suelo cerrar el telón y sentarme en el borde del escenario, junto al público'') o la Casa de Cultura de Puçol, donde una vez más ha actuado dentro de la semana cultural en torno al 9 de octubre.
Es experto en mantener entusiasmados a los alumnos de los institutos, aunque sea cambiando el salón de actos del centro por un aula donde los chicos están más cerca ''y así es muy difícil que alguno me boicotee la función''. Vive en Alfafar, pero es de sobra conocido en toda l'Horta, donde continuamente reivindica las cosas sencillas, los cuentos tradicionales y los juegos populares, todos ellos arrinconados por los ordenadores y unas playstations que mayormente sirven para adelgazar el cerebro y engordar los culos de muchos de nuestros hijos. Llorenç apuesta por la diversión colectiva, donde todos aportan algo, incluso los padres que suelen acompañar a los más pequeños reciben de vez en cuando un chiste sólo para adultos o un juego de palabras al que sólo acompañan las risas cómplices de los que se sientan allá al fondo, mientras los peques de la primera fila se miran extrañados preguntándose de qué narices se estarán riendo sus papás.
''Cuando comencé el cuentacuentos era una actuación sólo para niños, pero con ''El club de la comedia'' en televisión se ha extendido una nueva afición para adultos, la de narraciones en pubs y lo que muchos llaman el café-cuento, como una extensión natural del café-teatro''. Una nueva forma de diversión que algunos reclaman con insistencia. En Puçol hemos tenido en el último mes la presencia de varios de estos ''cuentistas'' (que ahora se llaman intérpretes de ''monólogos''): Jeremy Williams, Xavi Castillo, Llorenç... y el público pide más, como lo demuestra la insistencia de varios padres que se quedaron a charlar con Llorenç tras su actuación para realizarle una petición de lo más curiosa: ¡¡más sesiones nocturnas de cuentos sólo para los papás!!
Precisamente Jeremy Williams lo llamó para trabajar en TV3, en ''El terrat'', pero sus actuaciones debían ceñirse a un guión escrito y esto le hizo renunciar a la tentación: '
