Jaime Almenar: ‘la obra de la playa de Puçol debe evaluarla el mar, porque no es una ciencia exacta’
Más de catorce años ha costado poner en marcha las obras de defensa y regeneración de la playa de Puçol. Unos meses más costará el paseo marítimo, cuyas obras comenzarán su andadura el próximo mes de noviembre, probablemente con la presencia de la Ministra de Medio Ambiente para colocar la primera piedra, por aquello de estar ya en pleno periodo preelectoral.
Lo que no suponíamos es que obtener unas breves declaraciones del responsable de las obras iba a resultar una tarea tan ardua como la obra en sí. Ni los técnicos de las dos empresas que llevan a cabo las obras, ni los ingenieros, ni ninguna de las personas que trabajan en el día a día en los espigones de la playa están autorizadas. El permiso ha de venir directamente de la Delegación en Valencia de la Dirección General de Costas y allí, tras varios intentos, nos confirman que el director de la obra, Jaime Almenar, puede atendernos durante su inspección semanal.
Tras todos estos trámites burocráticos sorprende aún más encontrarse con Jaime Almenar, un hombre alto, muy alto, y tranquilo, que recorre la playa a grandes zancadas y que cuando habla de su trabajo lo hace con una prudencia sorprendente: ''el mar no deja que nuestra labor sea una ciencia exacta. Estoy contento con la obra que estamos haciendo en Puçol, en la que hemos construido unos espigones con unos morros más robustos de lo habitual, pero hay que esperar a que haya una prueba de carga, un temporal que ponga las cosas en su sitio''.
El temporal, ese momento tan temido, sobre todo en otoño, ha obligado a un plan de obras un tanto especial: ''comenzamos a trabajar en el segundo espigón, que estaba más protegido, luego hemos seguido hacia el norte con otros cuatro. Lo importante en verano era avanzar, acumular la piedra de cantera. Pero ahora se acerca la época de los temporales y conviene proteger la obra ya realizada, por eso estamos finalizando estos espigones y cuando estén acabados acometeremos el último espigón, que es el situado más al sur''.
Durante su inspección a las obras, además de los técnicos de la UTE que realiza las obras, le acompañan las concejalas Dolores Sánchez e Inmaculada Arcos, y el alcalde, Josep Mª Iborra. La playa de Puçol ya tiene una zona con arena, donde se han acumulado tres puntos que diariamente reciben 700 toneladas de arena, para que sea el propio mar quien la vaya distribuyendo: ''el mar es quien mejor trabaja la playa, nosotros nos limitaremos a completar su labor cubriendo los huecos que deje. De todas formas, no hay que alarmarse si llega un temporal y se lleva la arena visible, debemos tener en cuenta que hay que completar la parte de arena sumergida, para que sirva de soporte a la arena que está a la vista. Cuando el mar rellene la zona sumergida nosotros completaremos la parte de la playa, de todas formas aún es muy pronto, primero porque no ha habido ningún temporal, y segundo porque aún no se ha llegado al ritmo normal de aportación de arena; calculamos que a mediados de octubre estaremos en torno a 1.000 toneladas diarias y alcanzaremos a finales de mes las 1.500 toneladas diarias de arena hasta completar la regeneración de la playa''.
Unos números enormes, como corresponde a una obra de gran envergadura. Pero no asustan los números a Jaime Almenar, un hombre ya curtido en estas batallas y que sólo muestra su satisfacción cuando el mar da el visto bueno a su trabajo: ''los espigones de la playa de Meliana son la obra más cercana que he dirigido y ya han pasado el temporal de 2001 manteniéndose intactos. Se puede ahora afirmar que es una buena obra. Pero es distinta a la de Puçol, porque aquella es de arena de machaqueo, es decir roca triturada, por lo que es más grande, aunque también más estable. Los problemas de aquella playa son que tiene una pendiente mayor y que al principio podías incluso cortarte con las aristas de una arena tan gruesa. La de Puçol es arena natural, más fina, más blanca, más agradable al tacto''.
Los cuatro espigones que ya se adentran un centenar de metros en el mar ofrecen una imagen insólita de la playa. Su aspecto robusto se acrecienta por ese ancho morro, pensado sobre todo para combatir la fuerza de las olas, ''ya que es la zona más castigada de los espigones''. Su acabado sorprende también