La lluvia salvó la noche de los monólogos, convirtiéndola en una noche mágica

La lluvia salvó la noche de los monólogos, convirtiéndola en una noche mágica

Jonathan y Jeremy comían en un bar de Puçol, El Chichi, y charlaban con algunos festeros sobre la política local, las costumbres, el hotel en el que estaban alojados... Por la noche, ya en la plaza, Jeremy posaba para las fotos mientras echaba una ojeada para averiguar si las festeras llevaban toda su ropa interior a juego...

Más tarde, en pleno espectáculo, llovía y el público no podía moverse o se arriesgaba a sufrir algún improperio por parte de Jonathan...

Todos son detalles casuales, pero cuando uno se dispone a enfrentarse a una noche de improvisaciones, cualquiera de los presentes puede pasar a formar parte del guión.

No estaba en el programa de fiestas, pero ''La noche de los monólogos'' ha sido durante todo el verano una petición especial de los festeros...

por lo que al final el Ayuntamiento ha accedido a contratar esta nueva actuación, para cubrir la noche del lunes 1 de septiembre, que inicialmente quedaba reservada al descanso.

Un espectáculo con guión, pero abierto a la improvisación. Con Jonathan Vives y Jeremy Williams uno sabe cómo va a empezar el espectáculo, pero nunca sabrá cómo, cuándo y dónde va a terminar.

Porque un guión, por muy ingenioso que sea, nunca puede contemplar que llueva y mucho menos que, en mitad de la lluvia, los festeros ofrezcan un nuevo local (eso sí, cerrado) para acabar el espectáculo: poco después de medianoche, esa agua que tanto hemos pedido este verano iba a cambiar el signo de un espectáculo que planteado en la inmensidad y la lejanía de la Plaza del País Valencià tenía todas las de perder.

Porque al primero en actuar, Jonathan, la plaza pareció quedarle grande, perdiendo por momentos la continuidad, esperando risas que no llegaban, al menos a un escenario tan alejado, sintiéndose desnudo en la enorme plataforma vacía.

Los monólogos son algo íntimo, casi como un chiste en grupo, por eso necesitan de la proximidad, del contacto directo con el público, de la atención a esa risa contagiosa o a ese festero que siempre llega tarde a los chistes... con su colaboración la risa se extiende con más facilidad.

Y fue curiosamente la lluvia la que salvó la noche. Cuando hubo de suspenderse el espectáculo en la plaza, técnicos, público, Jeremy y Jonathan, todos juntos nos trasladamos a la antigua Holiday, transformado para la ocasión en un nombre mucho más adecuado: ''Màgic''. Y allí acabamos todos la velada, pasadas las dos de la madrugada, riendo a carcajadas cómodamente sentados... en el suelo.

Es difícil hacer un cálculo cercano, pero entre trescientas y cuatrocientas personas nos dimos cita allí, al calor no sólo del local, sino también del vecino, lo que facilitó que Jonathan remontara su actuación y lograra que todos acabáramos coreando canciones como ''La abeja Maya''. Y además, encantados de hacerlo.

Por su parte, el inglés Jeremy Williams ofreció un espectáculo aún más completo. Porque Jeremy canta y hace cantar al público. Jeremy provoca y cuenta con la colaboración (a veces involuntaria) del público.

Jeremy conoce las costumbres e incluso los grupos políticos que gobiernan a su público. En definitiva, Jeremy sabe cómo ganarse al público.

Llevaba guión, pero estaba abierto a la improvisación, al debate con el público (aunque este fuera un dentista ansioso por defender su trasnochada camisa), a subrayar la risa tonta de una festera (que por lo demás demostró ser muy inteligente) o a recordar de vez en cuando que un f

02 Septiembre 2003
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