Las Carmelitas Descalzas acogen la excursión de fin de curso de los catequistas de Santa Marta
Media hora caminando bajo un sol de justicia. Coca-colas y fantas para refrescar. Polos para acabar de saciar el hambre y la sed. Y un afán desmesurado por sorprender y agradar a “las monjitas”. Estos son los principales ingredientes que se dieron cita la tarde del 24 de mayo, cuando los alumnos de primer año de catequesis de la parroquia de Santa Marta hicieron su excursión de fin de curso al convento de las Carmelitas Descalzas de Puçol. En total son 90 los chicos y chicas que este curso han comenzado su formación para tomar dentro de un año la primera comunión, aunque no todos participaron en la fiesta final, precisamente porque una treintena ese mismo día tenía su propia excursión a Requena, con el colegio. Dado el calor y la facilidad con que algunos de estos mozos y mozas se despistan por el camino, la ausencia facilitó notablemente el trabajo de las catequistas de primer año, para quienes esta actividad es una pequeña pasión: “somos catorce en este curso y otras doce en el segundo curso, todas mayores, algunas incluso con nietos y disfrutamos muchísimo con ellos” –explican al unísono varias de las catequistas– “antes eran muy jóvenes y sintonizaban bien con los chicos en algunos aspectos, pero nosotras sabemos tratar a los niños por nuestra propia experiencia familiar”. Una experiencia que no obstante los niños no consideran tan familiar “incluso nos llaman ‘seño’ en ocasiones, pero eso es algo que han heredado del colegio”, confiesa una de ellas mientras descansa de la excursión y espera la llegada de las carmelitas y de Don Vicente... Es curioso, para los niños y para los mayores un sacerdote casi siempre carece de apellidos, sólo un nombre, aunque eso sí, pronunciado con el máximo respeto: “no sé cómo más se llama” –admite una de las niñas mientras devora su segundo polo de naranja– “para nosotros es sólo Don Vicente, el cura”. Tras el relax y una buena sesión de juegos de grupo, pasan a la capilla, donde cantan todos juntos y “las monjitas” les explican algunos de sus secretos (otra curiosidad: siempre hablan de ellas en diminutivo... y eso que les llevan un buen puñado de años de ventaja). Es Ivana la que toma la palabra en nombre de las Carmelitas Descalzas, para aclarar a los niños por qué son monjas y cómo qué tipo de vida llevan para estar lo más cerca posible de Dios... pero los chicos la convencen para saltarse el sermón y cantar una canción no tan religiosa como “Yo tengo un amigo que me ama”, la melodía con la que han iniciado la sesión en la capilla, bajo la batuta del popular “Don Vicente”. Así que sin director de coro ni nada que se le parezca, los chicos y chicas se lanzan a interpretar, con buen oído y aceptable sincronización, su particular versión de “Tumba por aquí, tumba por allá”, con la que casi avasallan a la buena de Ivana, que ya antes ha tenido que sonreír (y más cosas) con los chistes verdes que estos mozos y mozas de siete y ocho años les han obsequiado fuera, junto al viejo algarrobo donde han merendado. Muchos años de experiencia y una buena dosis de paciencia permiten finalmente a Ivana reconducir la situación y lograr que todos se entusiasmen catando oraciones como el “Padrenuestro” o el “Ave María”. Retoma la batuta Ana, quien imparte una nueva lección magistral. Explica las distintas religiones que hay y la similitud entre ellas tomando como ejemplo su templo: la iglesia (cristianos), la sinagoga (judíos) y la mezquita (musulmanes) tienen en común la necesidad de guardar silencio en ellas... una brillante estratagema para lograr que los niños finalmente guarden silencio y atiendan las palabras de “Don Vicente”. Y después todos de regreso a Santa Marta y punto final a la excursión. Y a la catequesis. Continuarán la formación en septiembre... aunque nosotros nos quedamos con ganas de saber más sobre cómo funciona hoy en día eso de la “catequesis” y por ello entrevistamos al famoso “Don Vicente”... Sus afirmaciones no tienen desperdicio, aunque para conocerlas tendremos que esperar una semana y disfrutarlas aquí, en esta misma página web. Como adelanto sólo una frase: “queremos subir la catequesis de dos a tres años, para que así los niños lleguen más preparados”.

