La excelencia de un sobresaliente: Un novillero de Faura, Fernando Beltrán, corta un rabo en Algemesí
Algemesí. Domingo 29 de septiembre de 2013. Un suceso, un impacto, un escalofrío, la adrenalina desatada, un torrente de emociones: la sorpresa y la bendita y puta locura del toreo. De repente, un (casi) desconocido hizo el toreo clásico. Fernando Beltrán se llama el hombre que lo bordó.
Arte, sentimiento, despaciosidad, torería, naturalidad. Sobresaliente —excelso— estuvo el sobresaliente. La mejor faena de la feria, lo más torero de la Setmana de Bous.
Por la capital de La Ribera había pasado toda la flor y nata de la novillería andante: Posada de Maravillas, Lama de Góngora, José Garrido, Martín Escudero… Nombres barrocos, apoderados ilustres, familias toreras insignes, promesas que ilusionan… Pues uno de Faura los borró a todos de un plumazo.
En toda la feria y en muchas ferias que quien suscribe lleva yendo a Algemesí —un decenio— no he visto ninguna faena que se haya vivido con la emoción y la intensidad de la de ayer. Porque en el fondo da igual que el artista sea de la Puebla del Río, de la Puebla del Prior, de la Puebla de Farnals o de Faura. Bienaventurados los aficionados que se emocionan en una plaza de toros; afortunados los creyentes en esta fe ilógica, loca y caprichosa pero muy hermosa.
Hubo una media cumbre, barroco el encaje; muletazos para la eternidad. Chispazos, calambres al alma. Hubo toreo fundamental y accesorio, que es fundamental cuando se hace con verdad. Sentido y torerísimo, templado e inteligente. Las pausas entre las tandas, controladas las pulsaciones, el toreo sin toro, los toques sutiles —la insinuación— con los vuelos de la panza a dos palmos del hocico, o el toque de fijar y provocar. Un gusto ver tanto gusto con las telas: capote y muleta.
Ya quedó escrito que la media con la capa ya fue para enmarcar. Superior el dibujo. Me salió darle un codazo a Rafael Carrión, colega y amigo de la prensa, muy de Morante y de Finito. Hubo cosas, gestos, instantes, detalles de José Antonio y de Juan Serrano. Casi ná, dirían en Sevilla; casi res dirán en Faura.
Días atrás aún se hablaba de un quite que firmó el sobresaliente en el prólogo de la feria. Y se hablará mucho tiempo de una obra —cumbre— el día del epílogo. Una obra de arte. Faena, labor o trasteo son conceptos distintos y distantes a una obra: semánticamente inferiores, otro estatus, otra historia. Vimos la emoción en el rostro y la piel de las gentes. No tomé una nota ni un maldito apunte. Al fin y al cabo, aprendí tiempo ha que el toreo bueno se queda en la memoria. Lo anecdótico, garabateado en la libreta.
Uno, que conste, iba a Algemesí a ver la mano izquierda de Román, que me pone y me puso con el áspero y temperamental fuenteymbro que hizo tercero. Más firme que la mar, torero y serio Román. Buena la novillada de Fuente Ymbro. A priori eran los dos grandes alicientes, además de ver a Jorge Expósito, arropado ante su parroquia tras el reciente ascenso de escalafón.
Que conste —también— que antes de la novillada coincidí con el novillero Rafael de Foyos. Me dijo que había venido a ver a Fernando Beltrán porque lo había visto en el campo. “Es un torero distinto y especial”, lacónico Rafa. Cortado el rabo y caída la noche se lo recordé en el cadafal. Sonrisa cómplice.
Hubo un lleno de no hay billetes, un ambientazo. Un pueblo entusiasmado que se vuelca con el toro, mañana, tarde y noche. Encierros, novilladas, coloquios, exposiciones… La Plaza de Toros es el epicentro, el centro neurálgico de la fiesta de un pueblo. Incrustada entre el Ayuntamiento y la Iglesia, como metida y encajada al milímetro entre lo democrático (poder del pueblo, fiesta del pueblo), lo litúrgico y la fe. Al medio de eso está el toreo.
Y allí abajo coincidieron novillo y novillero. El utrero —feo, estrecho, altón— llevaba el hierro de Yolanda Martín. Porque para el novillero suplente no había novillo con el hierro titular. Le dieron una vuelta al ruedo injustificadamente. Noble pero vulgar. Si sirvió fue porque el temple es la medicina que seduce todo.
El caso es que Fernando Beltrán se llevó la tarde y la feria —lo han declarado por lógica y justicia como máximo triunfador— delante del novillero con más futuro de la Valencia taurina de los últimos tiempos y delante del novillero del pueblo. Fue un clamor. Desde las primeras chispas hasta el incendio de la estocada en la suerte de recibir.
El próximo domingo, como aperitivo a la corrida con motivo de la festividad del 9 de Octubre, día de la Comunidad Valenciana, la Plaza de Toros de Valencia abrirá sus puertas para acoger una novillada de Los Galos en la que se anuncian Fernando Beltrán y Román. Si entra un tercero o se queda en mano a mano se sabrá mañana, según fuentes consultadas por El mundo. Fernando y Román ya estaban anunciados y han sido los dos grandes triunfadores de Algemesí. ¿Para qué una terna? Sería precioso ver un mano a mano con la plaza llena. El domingo huele a toreo. Y hoy aún es lunes. De ilusión, otoño y nostalgia.
Informa: Salvador Ferrer
Fotos: Rafael Mateo Romero (www.tauroimagen.com)
Artículo publicado previamente en el periódico El mundo



