Juan Ávila, Luciano Núñez y Salvador Ferrer: tres enamorados de los toros compartiendo mesa
Luciano Núñez: trece años como torero de plata, quizá el mejor en su categoría con el capote y un hombre al que le gusta escuchar, porque sigue aprendiendo. Hoy es el apoderado de Juan Ávila... y una persona a la que le encanta decir las cosas claras.
Juan Ávila: adolescente, sencillo, humilde, consciente y muy modesto. Le queda mucho para llegar, pero ya quisieran muchos llegar a donde él está ahora. Se ha convertido en una bola de nieve, cada día es más grande y se está convirtiendo en el mejor embajador de nuestro pueblo... igual que Pepe Claramunt es un símbolo en el fútbol, Juan lo es en los toros.
Salvador Ferrer: cronista taurino en distintos medios, periodista y coautor, entre otras publicaciones, del libro ''Pepe Claramunt, historia del fútbol en Puçol''. Un joven que vive los toros y que, a decir de quienes le siguen, es de aquellos que no sólo escriben y hablan, sino que también escucha... algo clave para seguir aprendiendo.
Estos tres auténticos monstruos del arte del toreo, cada uno en su especialidad, se dieron cita la tarde del martes 2 de septiembre en el salón de actos de la Casa de Cultura para, en principio, darnos a conocer un poco mejor la figura de Juan Ávila y, al final, deleitarnos con un debate brillante, tenso, jugoso... pero siempre dentro de los límites de una exquisita educación.
Abrió el telón la Emisora Municipal de Televisión, que se está convirtiendo en un aliado imprescindible de cualquier presentación de envergadura, con un vídeo en el que se recoge la trayectoria humana y profesional de Juan Ávila. Un brillante trabajo de realización, bien documentado por el propio Salvador Ferrer y con una excelente locución a cargo de Enric Esteve.
A través de este reportaje de diez minutos pudimos descubrir que Juan nació en Puçol en 1985, tuvo sus primeros contactos con el toro de calle e inmediatamente con el de plaza, entró en la Escuela de Tauromaquia de Valencia, donde comenzó a participar en sus certámenes en el 2001, debutó en junio de 2002 en Xàtiva donde mató su primer toro y salió a hombros, recibió en marzo de 2003 el trofeo al novillero más destacado de Valencia, siendo además el triunfador de las fallas... y ahí apareció Luciano Núñez para convertirse en su apoderado.
''No hace falta que le eche broncas'' -afirma satisfecho Luciano Núñez- ''por mi cara ya sabe si lo está haciendo bien o no''. Con esta rotunda afirmación comenzaba el madrileño, aunque valenciano de adopción, su espectacular rueda de intervenciones. Desde ese momento Juan Ávila pasó a un segundo plano en la mesa, demostrando, como casi todos los artistas, que lo suyo no es hablar de su obra, sino ejercerla, por lo que apenas pudimos disfrutar un par de intervenciones del novillero, aunque eso sí, sirvieron para dejar muy clara su profesionalidad: ''es importante dejar la tarjeta de visita, de ahí que en los primeros quites hay que llamar la atención y dejar claro al público que vienes a la plaza a darlo todo''.
El eterno choque entre la prensa y los apoderados, la prensa y los empresarios taurinos, la prensa y los toreros. Todos los temas que uno podía esperar fueron tocados, y muchos otros que algunos sólo se atreven a tratar en círculos más reducidos, y no ante ciento cincuenta espectadores, muchos de ellos grandes aficionados o profesionales, como Oscar Bustos, que no quiso perderse el envite.
''El despegue de Juan tiene que ser meteórico, porque todos no tienen la posibilidad de ser hijo de un famoso: si en las primera ferias de 2004 triunfa, en el 2005 puede llegar a ser torero''. Luciano Núñez tiene claro cuál ha de ser la carrera de Ávila: ''es preferible debutar con caballos en Nimes y Olivenza, para restar presión en Valencia''. Pero conseguirlo no va a ser tan fácil, hay muchos otros que también quieren llegar: ''mi proyecto es que mate las dos novilladas de fallas, para darle el trato diferencial que no se le da hace años a un torero de la tierra''.


