El 7 de septiembre se amolda al refranero popular: “Día de expectación, día de decepción”
Si echamos la vista al rico y extenso refranero popular, veremos muchas coincidencias con lo vivido el pasado día 7 de septiembre, por ejemplo: "Día de expectación, día de decepción"; o incluso el valenciano "De la festa, la vespra".
Mucho se espera siempre, taurinamente hablando, del 7 de septiembre en Puçol; prácticamente desde que se termina la gestión de la comisión correspondiente, el aficionado en general, sea local o no, ya empieza a interesarse, a través de la comisión entrante, de todo aquello que se cuece con vistas al día grande que todo vecino de Puçol desea y presume.

El que esto suscribe tiene por costumbre, antes de emitir un juicio, recoger cuantas más opiniones de aficionados sea posible, para así tener una opinión más ecuánime y acorde con la mayoría.
En la edición de 2008 debo reconocer, con todo el dolor de mi corazón, que tanto antes como después del día 7 de septiembre, todas las opiniones recopiladas coinciden de manera negativa a la hora de enjuiciar tanto la presentación como el juego de los siete toros exhibidos en la población.
En mi modesta opinión, no es hora de buscar culpables, sino de buscar soluciones encaminadas desde el principio a tener las ideas claras de lo que se va a hacer antes de adquirir ningún toro, para de este modo no verse sorprendidos por decisiones posteriores que, como ha sucedido este año, puedan limitar o coaccionar las pretensiones, los buenos deseos y las ilusiones de los integrantes de la comisión que, al fin y al cabo, son los primeros interesados en que todo transcurra por los caminos del éxito.

Encierro y desencajonadas
Centrándonos en lo que dio de sí este 7 de septiembre en el aspecto estrictamente taurino, todo comenzó poco después de las 8 de la mañana, tras desalojar algún coche aparcado dentro del recinto taurino, con el tradicional encierro que protagonizaron reses del ganadero local Jaume Bosch Saliner.
Una vez finalizado dicho encierro, fue desencajonado el toro de nombre Boticario, del Conde de la Maza, marcado con el número 75 y con el 3 como guarismo.
Por la tarde, después de la participativa y bulliciosa bajada de cajones y de una espectacularmascletá, se dio suelta al toro Extraviado, marcado con el nº 82 y con el guarismo 5, de la ganadería de Samuel Flores. Este toro protagonizó un hecho poco habitual, ya que la girar por detrás de los cajones en el momento de ser desencajonado contusionó de manera leve a más de un aficionado.
En segundo lugar saltó a la arena el toro de nombre Fogata, marcado con el nº 6, de la ganadería sevillana de los Hermanos de Salvador Guardiola Fantoni.

En tercer lugar fue el toro de nombre Rascatodo, perteneciente a la ganadería portuguesa de Joaquín Murteira Grave. Toro marcado con el número 7 y con el guarismo 4.
El cuarto de la tarde en salir de los cajones respondía al nombre de Indio. Llevaba el nº 18 en su costillar y también pertenecía a la ganadería de Guardiola Fantoni.
Cerró el turno de las desencajonadas vespertinas el toro nº 16, con guarismo 4, perteneciente a la ganadería de Murteira Grave, que respondía al nombre de Impecable.
Después de las cinco desencajonadas, se emboló al toro Boticario, que había sido previamente desencajonado por la mañana, tras el encierro. Fue Juan Vicente Moreno Roqueta el encargado de cortarle la cuerda, tras haber sido embolado por los miembros de la propia comisión del 7 de septiembre.
Informa: Salvador Almenara Marsaga



