"Circuito de Papez" de Antonio Martínez Perís, premio de poesía Josep Maria Ribelles
El editor Antonio Martínez Peris tiene una gran pasión por la literatura y en especial por la poesía, una pasión que tarde o temprano lo debía llevar a atravesar la frontera intangible que hay entre receptor y creador, para ofrecernos su primer libro, Circuito de Papez (Premio de Poesía Josep Maria Ribelles. Ola ediciones, Benicarló, 2013).
No sé si la tardanza –ha estado escrito durante el año que cumplía el medio siglo de vida–se debe al hecho de que necesitaba madurarlo interiormente o quizá por una falsa vergüenza o ha esperado un cambio radical en su vida o era por aquello de no querer seguir los pasos del padre, que también es poeta y con obra editada y premiada y con el que, guardando las distancias generacionales y de formación, comparte en parte la mirada y lo timbro en su voz poética.
Circuito de Papez es un libro en el que Martínez Perís combina la prosa poética con el verso libre y el flash o golpe poético, quiero decir, poemas mínimos que proyectan con contundencia en los lectores una imagen precisa que retrata una emoción o que esboza un instante, una atmósfera: “Acompañar el corazón con las palabras, / que bella música estimada mía!”.
La parte primera (El amor) es el diario de aquel que ha descubierto un nuevo amante y comienza a vivir una nueva e intensa relación amorosa, y aunque no es un amor iniciático, el poeta, que es un hombre sensible, maduro, con las cicatrices que la vida nos va dejando sobre la ánima, lo vive con intensidad y lo goza como un joven. La juventud es una etapa de encanto y desencanto, de descubrimientos, y él se siente atrapado en esa aventura de la fascinación por la otra, así como por el descubrimiento del cuerpo de la querida, de los grandes y pequeños tiros de su personalidad. Esta aventura le hace sentir que está ante un ser singular, la presencia del que le da energía y paz espiritual, como si de buenas a primeras encontrara en la estimada la pieza que le faltaba para lograr estar en armonía con él mismo y con el universo. No sé definir el concepto abstracto de la felicidad, pero encuentro que se acerca bastando a aquello que acabo de decir.
La parte segunda (Y los días) comienza con uno de los poemas que más me han gusta del libro: « Hay días donde fermentan los indicios, días de arena que se hacen espuma, / que escapa insolente a la mansa que la palpa». Es una sinopsis de todo aquello que nos iremos encontrando a partir de ese momento. En la forma, Martínez Perís continua con el verso libre y el poema mínimo, el tono también es de dietario, de un cuaderno donde va recogiendo las impresiones que encuentra cada día en casa, en la calle, en la prensa, impresiones marcadas por su felicidad, de la que os hablaba al referirme a la primera parte del libro, sin embargo, también, por el ambiente de pesimismo provocado por la crisis, que es una y son muchas, que arrastramos o nos arrastra ella desde hace un lustro. En esta segunda parte, hay textos que atraviesan la línea del género literario y se convierten en prosa, en una nota al margen de una nota de prensa.
Circuito de Papez es un poemario de un realismo intimista, que rehúye el hermetismo y la hermenéutica, que busca la luz y la claridad, que mantiene el latido lírico de cada pieza con un tono justo, y lo hace con escasez de recursos poéticos, todo sustentando sus fundamentos sobre la capacidad de sugerencia de las palabras empleadas.
Informa: Manel Alonso



