Crónica del 7 de septiembre, por Salvador Almenara 'Marsaga'

Crónica del 7 de septiembre, por Salvador Almenara 'Marsaga'

Por varios motivos, se esperaba un 7 de septiembre cargado de incertidumbre por parte de la gran mayoría de la exigente afición local.

El primero de los motivos ya surge en el momento de conocer a los integrantes de la comisión de este año, ya que ''todos'' tenían una gran ilusión, eso sí, pero su juventud (divino tesoro) y su falta de experiencia en estas lides era el motivo para dudar que el barco llegara a buen puerto. Estas dudas fueron incrementándose según avanzaba el año, pues de los trece miembros que iniciaron el ejercicio, seis se quedaron por el camino, llegando sólo siete de ellos a la gran y exigente cita del 7 de septiembre.

Otro de los motivos que hizo avivar la llama de la duda surgió después de la publicación del cartel de los toros que iban a ser desencajonados la tarde del día 7 ya que, pese a estar los cuatro toros bien presentados y ser todos ellos de ganaderías integradas dentro de la U.C.T.L., o ganaderías de primera, que es como se llamaban antiguamente, se echaba en falta algún ejemplar perteneciente a ese grupo de ganaderías de más nombre y prestigio, lo que hace mantener e incluso aumentar el nivel del día grande por excelencia del toro en Puçol.

El último de los motivos de preocupación no tenía que ver con la comisión, sino con el cielo y la amenaza de fuertes lluvias, amenaza que se cumplió la víspera del día 7 y que, según los partes meteorológicos, se podía extender al martes 7... aunque al final no llegó a producirse.

A las 8'15 de la mañana, aproximadamente, la manada de toros y cabestros, propiedad del ganadero local Jaume Bosch ''El saliner'', iniciaba el recorrido del encierro con, tal y como temíamos, lluvia intermitente y con el cielo lleno de nubes negras, lo que no hacía presagiar nada halagüeño. Una vez terminado el encierro, como viene siendo habitual, se soltaron dos toros para completar la mañana taurina... con la lluvia de protagonista, ahora con más fuerza.

A las 5 de la tarde, la avenida Valencia comenzaba a llenarse de gente que esperaba la llegada de los cajones para iniciar uno de los actos más esperados y multitudinarios del calendario festivo local: la bajada de cajones. Un acto que, pese a la tregua que momentáneamente dio la lluvia, no resultó tan brillante como en otras ocasiones, al negarse los propietarios de las caballerías encargadas del arrastre de los cajones a participar en el acto, con el consiguiente desencanto para los espectadores y, sobre todo, para los miembros de la comisión, que tuvieron que buscar de manera urgente la solución menos estética de un tractor (no obstante, hay que agradecer su predisposición al propietario del mismo), restando virtuosismo y propiciando alguna broma de mal gusto por parte de algunas personas de fuera de la población que venían, como todos los años, a ver exclusivamente la bajada. Esperemos que se tomen las medidas pertinentes para que este lamentable suceso no se vuelva a repetir.

Pese a este incidente y, de nuevo, la lluvia que hizo acto de presencia, aunque con menos fuerza, a la hora señalada se desencajonaba el primer toro de la tarde, perteneciente a la ganadería de Mª Agustina López Flores, de nombre Desconocido y marcado con el número 10. toro bien presentado, con kilos y pitones, pero que dio un juego que no gustó a los aficionados.

En segundo lugar se dio suelta al toro Leñero, de la ganadería de Carlos Núñez, marcado con el número 27. Bien presentado, pero que tampoco dio el juego apetecido.

En tercer lugar saltó a la empapada arena de la plaza Joan de Ribera el toro Campero de Puerta Hermanos, marcado con el número 13 y con el guarismo 8, lo que quiere decir que el toro tenía ya seis años. De los cuatro que desencajonaron éste fue el toro con menos presencia, acusando muy pronto cierto defecto en las pezuñas. Su juego también pasó sin pena ni gloria.

17 Septiembre 2004
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