Arte valenciano: bailando con toros
Quizá fue una insolación provocada por los minutos acumulados en la plaza Joan de Ribera esperando el chupinazo. Quizá fue la alegría provocada por los vasos de sangría acumulados a lo largo del pasacalle realizado hasta llegar al polideportivo. Quizá, simplemente, que era el inicio de la segunda Semana Taurina y se respiraba euforia por todas partes.
Este cronista no alcanza a comprender los motivos, pero lo cierto es que el 24 de junio, hacia las siete y media de la tarde, uno tenía la sensación de que salir a la plaza y jugar con las vaquillas era cosa fácil. Casi, casi una tarea de niños.
Allí estaban Chupi, Jota, Majete, Seco y Juno, acompañados de algunos ilustres recortadores de Puçol, para demostrar que lo suyo con los toros (o las vacas, tanto da) es algo más que un idilio.
Durante la primera parte de su ''Exhibición de arte valenciano'', estos jóvenes hicieron las acrobacias más increíbles con el ganado que compartía cartel con ellos en la plaza: recibirlo de rodillas, esquivarlo de rodillas, saltar por encima con ayuda de una pértiga, saltar sin pértiga, rodearlo, marearlo y, finalmente, mandarlo a los corrales absolutamente agotado... el ganado, no ellos.
Pero eso era sólo la primera parte... ¡y esa era la parte seria!

Un descanso para reponer fuerzas, el respetable, y para maquillarse, los artistas. Y vuelta a empezar. Pero con un tono muy distinto: para empezar, los artistas salen maquillados de payasos y repartiendo caramelos al público. Y para continuar, algunos artilugios de lo mas curiosos: columpios, capotes, motos...
¡Y qué segunda parte! Una de las vacas acabó tumbada en la arena, con los rodadores tumbados a su alrededor, apenas a unos centímetros, rodeándola y pidiéndole tranquilidad. La otra, bueno, la otra fue sacada de la plaza en brazos por los propios rodadores: después de perseguir inútilmente un par de motos durante varios minutos, la pobre cayó agotada en la arena y ya no pudo volver a levantarse.
Quizá fue una insolación provocada por los minutos acumulados en la plaza Joan de Ribera esperando el chupinazo. Quizá fue la alegría provocada por los vasos de sangría acumulados a lo largo del pasacalle realizado hasta llegar al polideportivo. Quizá, simplemente, que era el inicio de la segunda Semana Taurina y se respiraba euforia por todas partes. Pero lo cierto es que uno salió de la plaza con la sensación de que el arte valenciano quizá no sea arte con mayúsculas, pero sin duda el que asiste a una exhibición de estos jóvenes artistas no puede apartar la vista un minuto: podría perderse una imagen absolutamente insólita.


