El toreo dibujado, de Sanchis Cortés a López Escobar
Salva Ferrer, periodista, cronista taurino y colaborador de la web municipal, nos ofrece una reflexión en torno a los festejos taurinos de abril. Este texto se publicó originalmente en el periódico “El mundo” y ha sido cedido por el autor para su publicación en la web de Puçol.
Mea culpa. La información oficial de los cartelitos de FIECVAL nos llevó a meter la gamba. Enrique Ponce estaba anunciado para dar una clase práctica, pero no compareció finalmente. Como escrito quedó, por escrito nos disculpamos. No sé si rectificar es de sabios pero, creemos, es de humildes. Nos avisó una lectora de El mundo, Amparo Gomar, de la Peña La Estocada, que sigue, fiel, esta página. Amparo, gracias por estar al quite y en el quiosco.
Hemos leído y escuchado que Manzanares perdió la Puerta del Príncipe por la espada. A nosotros nos parece que, en su primera tarde, Manzanares desaprovechó un lote de tal honor, aún pintando muletazos como carteles propios del fino pincel de Ruano Llopis, Roberto Domingo, Juan Reus o Sanchis Cortés, pintor y dibujante del que Ricard Triviño ha publicado un fantástico monográfico editado por la Diputación. Los cambios de mano, los trincherazos, los de pecho, cimbreada la cintura. Pero Sevilla, cuya luz ciega los ojos, se lo come con la vista.
Manzanares descarga la suerte, o la carga sin adelantar la pata, abusa del toreo periférico, tira mucha línea, con el pico, el cite en la pala, muy al hilo, pierna contraria demasiado escondida, estrofas cortas. Pero la belleza de su supremo empaque camufla el fondo: nada puro. Vemos poco al Manzanares que anhelamos. Se exige al que puede o debe; querer es cosa de voluntad. Para chispazos, los calambres deMorante, que es Dios cuando le da la gana.
Un 5 de marzo de 2002, vimos a Manzanares en Castellón por vez primera (César Jiménez, Iván García y una utrerada de Daniel Ruiz). Esa tarde llamé a un periodista, buen catador, y le dije: éste va a ser figura del toreo. Mi interlocutor soltó: "Pero... ¿se pone de verdad?". Y tomé las de Villadiego. Manzanares tiene todo para ser figura: concepto, capacidad, empaque, percha, elegancia... Todo será insuficiente si no se da tres vueltas por España conquistando plazas, abriendo puertas grandes, como han hecho Ponce y Juli, y las figuras, toda la vida. Escribir la Historia, mandar en el toreo. ¿Manzanares manda?
Eso no es óbice para que el de Alicante y Sevilla vivan un noviazgo. ¡Cualquiera se atreve a racionalizar pasiones de amoríos primaverales abrileños! Si por la espá (con ella anda superior) perdió la del Príncipe en el coso del Baratillo, de oferta hubiera sido tal premio. Lo clavó el miércoles, por ejemplo, el colega Carlos Ilián en Marca: "En esta plaza no se fija nadie en la pureza de su toreo, sino en la bisutería del alicantino". Aquí andamos diciéndolo tiempo ha. Que los elogios no le conformen.
El maestro Cañabate acusaba ciertas tardes a todo un Paco Camino, maestro de Camas, de mandanga. ¿Qué diría el Caña de algunos toreros protegidos y mimados por cierta prensa y empresas, qué casualidad che, que no se cruzan ni con el dije, que están en las ferias como el salitre en el mar? ¿Será por nulas exigencias? Eso sí, pegan el chispazo y la descarga mediática es de aúpa. Si no hay destello: el toro, el viento, el mal bajío y Lola, la pitonisa.
Sólo un torero ha desorejado a un toro en Sevilla: López Escobar, El Juli. ¿Querían caldo? Dos tardes. Si Manzanares merecía la del Príncipe, a Julián le debieran haber escriturado a su nombre la Giralda, con un lacito, y un cacho urbanizable del Parque de María Luisa. Digno de los más grandes pintores es el toreo deslumbrante que dibuja El Juli. Algunos iluminados ya le llaman maestro.
Escribe: Salva Ferrer



