Se va Manolo, guardia rural

Se va Manolo, guardia rural

En los años sesenta un personaje cinematográfico se hizo muy popular. Era Manolo, guardia urbano. Eran años de crecimiento y de “desarrollo”, por lo que su profesión simbolizaba claramente ese progreso en nuestras ciudades y en el tráfico, sobre todo en el tráfico. En Puçol también hemos tenido nuestro Manolo, que ahora se jubila, y también era guardia. Pero como los tiempos cambian y ahora vivimos en un eterno retorno al campo y a la defensa del medio ambiente, nuestro Manolo es guardia... rural. Con Manolo se jubila también una época, aquella en que la marjal de Puçol se cerraba por la noche con cadenas, “para evitar los robos, sobre todo de melones. Durante la mañana estaban todos los caminos abiertos, por la tarde sólo se podía circular por el Camí La Mar y al anochecer poníamos los candados en las cadenas, hacíamos la última inspección y así lográbamos que hubiera muchos menos robos”. Aunque no sólo eran amigos de lo ajeno los que se acercaban al anochecer a la marjal, también los había que eran simplemente amigos y buscaban un espacio aislado, como aquella pareja que, al comenzar la década de los ochenta, quería cruzar a toda costa la cadena para perderse por el campo: “a ella la falda no le tapaba más abajo del ombligo y él, bueno, tenía mucha prisa por encontrar un descampado. Pero era la hora de cerrar y por más que discutieron no podían cruzar la cadena. Al final les convencí para que se fueran a algún rincón de la playa, total lo que tenían prisa por hacer tampoco quedaba nada mal frente al mar, oyendo las olas”. Manuel Amigó Sabater comenzó a trabajar en 1978 en la cámara agraria. Llegó a ser el cabo, por lo que además de la vigilancia rural hacía de comodín, con trabajos de oficina. Entonces tenían muy pocos medios por lo que para detener o simplemente intimidar a los presuntos ladrones debían utilizar la experiencia y la imaginación: “nosotros íbamos en bicicleta y ellos en coches o furgonetas cargadas, así que imagínate cómo podíamos perseguirlos o impedirles el paso. Pero conocíamos los caminos, los atajos, y eso nos ayudaba a prevenir delitos en muchas ocasiones”. En 1989 las cámaras agrarias desaparecieron y con ellas también la práctica de cerrar los caminos: sus trabajadores y su labor fueron absorbidas por los ayuntamientos. En Puçol el cambio se fue notando poco a poco “ya que nosotros entramos por la puerta de atrás”; primero dotándolos de más medios, luego regularizando la situación del personal y, finalmente, integrándolos plenamente en la plantilla, tras haber realizado distintos cursillos formativos: “en total hemos pasado cuatro a la policía y otros tres a distintos servicios del Ayuntamiento”. En los últimos meses Manolo, un hombre del campo, ha estado realizando sobre todo servicio urbano, de apoyo a la policía “porque por la edad ya no llevaba el arma”. Ha sido una época sobre todo de contacto con la gente, con los compañeros de trabajo, con los bomberos, con los ciudadanos, que le ha permitido acercarse a la manera de vivir de la ciudad. Pero esa no es la vida de Manolo, su pasión es el campo, por eso ahora no tiene que preocuparse María Almenara, con la que lleva veintiséis años casado, no va a ser un jubilado de sofá y parchís: “dedicaré el tiempo a la poca tierra que tengo. En vez de medio día lo dedicaré entero. Mi mujer sólo tendrá que aguantarme por las tardes de invierno y las noches. Como mis dos hijas aún no están casadas, no puedo dedicarme a pasear los nietos, así que seguiré junto a la tierra, que es mi hobby... ¿se dice así la palabra?”. El 14 de febrero, en un sencillo acto de despedida, sus compañeros le entregaron una placa conmemo-rativa y un ramo de flores a su mujer. En su discurso, quizá uno de los momentos más difíciles para él esto de hablar en público, agradeció a todos su colaboración con unas palabras sencillas, como Manolo: “hasta ahora era un compañero, desde hoy... soy un amigo de todos vosotros”. Una sinceridad y locuacidad propias de un hombre del campo. Porque para Manolo las cosas son siempre claras, directas, sin rodeos. Ahora, mientras cuida sus hortalizas en la tranquilidad de la huerta, podrá repasar mentalmente algunas de la anécdotas que jalonan su vida de guardia rural y disfrutar con su recuerdo, como aquella vez en que un químico vino a analizar los pozos de agua de la marjal y, tras revisar el segundo pozo, le dijo a Manolo que los de Puçol éramos unos ladrones de agua por haber canalizado la que allí emergía y se perdía al mar. Manolo lo dejó allí plantado. Tuvo que buscarse la vida para volver. Al llegar a la cámara agraria se quejó del guardia rural. El entonces presidente de la cámara fue rotundo: “si Manolo te ha dejado plantado es que no has hecho algo bien”. Eso es que los demás confíen en tu sinceridad y honradez.

01 Enero 2003
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