Juan Ávila y Raúl Martí salen a hombros con actuaciones distintas y distantes

Juan Ávila y Raúl Martí salen a hombros con actuaciones distintas y distantes

-Domingo, 12 de octubre de 2003. Plaza de Toros de Valencia, más de un tercio de entrada en tarde fresca y agradable.

-Erales de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, más vareados los tres primeros, con cuajo y kilos los tres últimos. Excelentes y muy variados en su juego. Bravo y noble el primero, con calidad y poca fuerza el segundo, revoltoso el tercero, manso el cuarto, encastado y violento el quinto, bravo y codicioso el sexto.

---Sergio Cerezos, de azul pavo y oro; ovación desde el tercio con aviso - ovación tras dos avisos

---Juan Ávila, de grana y oro; oreja con aviso - oreja

---Raúl Martí, de gris plomo y oro; oreja - oreja

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Seguramente el hecho de que Alfonso Guardiola, ganadero y propietario del hierro de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, con sus inigualables y sabios comentarios, compartiera asiento con quien suscribe, hace que viera más una excelente novillada que otra cosa. Pero también.

A Sergio Cerezos, es cierto, le vi menos fresco, algo espeso, no sé si mermado de una lesión que arrastra en la rodilla. El caso es que a su primero, extraordinario para el torero, no lo cuajó como debiera. Y ese novillo merecía un lío gordo. A la faena le faltó romper y a las series más muletazos, el novillo pedía seis o siete y el de pecho. Faena larga con demasiados altibajos. A su segundo, muy complicado por manso y violento, le tardó en ver el pitón izquierdo, que fue, sin ser nada fácil, más posible de lo que pareció.

Raúl Martí cortó una oreja a cada uno de sus novillos. A su primero, muy revoltoso, presto al cite, con casta y poder hasta que se fue atemperando, el de Foyos logró pasajes estimables, si bien anduvo algo desajustado. El guardiola humillaba y se desplazaba mejor por el izquierdo. Pese a enterrar la espada a la primera, tardó en doblar. ''Se parece al dueño porque va tardar en morir'', me decía con su gracia Alfonso. El sexto cantó un galope extraordinario nada más salir, pero la lidia, va por la cuadrilla, no fue tan buena. Clavó banderillas, y el guardiola le propinó dos auténticas palizas porque se durmió en el quiebro, primero, y porque le hizo el quiebro para fuera, después. Natural bisoñez. Fue otro novillo de nota, bravo aparte de precioso, por hechurado y bajo. La faena estuvo marcada porque los tendidos tomaron parte del maltrecho novillero, que tuvo el mérito de sobreponerse a las dos volteretas. Mató mal -trasera y perpendicular- pero paseó la oreja que le faltaba para salir en hombros.

Juan Ávila también salió a hombros, pero es otra cosa. Ofrece una dimensión muy distante a la que es más propia de su escalafón. La tarjeta de presentación fue un quite por gaoneras ceñidísimo, marca de la casa. Su primero fue noble, con calidad y franqueza, pero muy flojo. Había que tirar de él con pinzas para que no claudicara y llevarlo con suavidad y templanza. Y Juan lo hizo y acabó abusando de él en los adentros epilogando la faena. Lo mató al segundo intento y se llevó la oreja. A su segundo, de matarlo a la primera, le corta las dos. El guardiola salió manseando, poco celoso de las telas, suelto, pero Juan lo empapó, lo paró y lo templó, con lances de recibo muy sentidos. Cuando abrochó con una revoltosa revolera a Alfonso le salió de dentro, desgarrado: ''bien chaval, bien''. Y, antes de ponerle una banderilla, me dijo: ''va a romper, a éste le va a cortar las orejas''. En la muleta el novillo se movió encastado y con violencia. Incluso le hubiera venido bien un puyazo. Comenzó pudiéndolo y sometiéndolo por abajo. El novillo transmitió mucho, era mirón y había que tocarle muy a tiempo. En la primera serie con la izquierda, embistió a regañadientes, pero Ávila no cambió de mano y le sacó la segunda. Para casta, la mía, quiso decirle. Y Alfonso Guardiola tomó otra vez la palabra; ''este tiene madera y casta de torero''. Pues eso.

26 Octubre 2003
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