01 Enero 2003
En los años sesenta un personaje cinematográfico se hizo muy popular. Era Manolo, guardia urbano. Eran años de crecimiento y de “desarrollo”, por lo que su profesión simbolizaba claramente ese progreso en nuestras ciudades y en el tráfico, sobre todo en el tráfico. En Puçol también hemos tenido nuestro Manolo, que ahora se jubila, y también era guardia. Pero como los tiempos cambian y ahora vivimos en un eterno retorno al campo y a la defensa del medio ambiente, nuestro Manolo es guardia... rural. Con Manolo se jubila también una época, aquella en que la marjal de Puçol se cerraba por la noche con cadenas, “para evitar los robos, sobre todo de melones. Durante la mañana estaban todos los caminos abiertos, por la tarde sólo se podía circular por el Camí La Mar y al anochecer poníamos los candados en las cadenas, hacíamos la última inspección y así lográbamos que hubiera muchos menos robos”. Aunque no sólo eran amigos de lo ajeno los que se acercaban al anochecer a la marjal, también los había que eran simplemente amigos y buscaban un espacio aislado, como aquella pareja que, al comenzar la década de los ochenta, quería cruzar a toda costa la cadena para perderse por el campo: “a ella la falda no le tapaba más abajo del ombligo y él, bueno, tenía mucha prisa por encontrar un descampado. Pero era la hora de cerrar y por más que discutieron no podían cruzar la cadena. Al final les convencí para que se fueran a algún rincón de la playa, total lo que tenían prisa por hacer tampoco quedaba nada mal frente al mar, oyendo las olas”. Manuel Amigó Sabater comenzó a trabajar en 1978 en la cámara agraria. Llegó a ser el cabo, por lo que además de la vigilancia rural hacía de comodín, con trabajos de oficina. Entonces tenían muy pocos medios por lo que para detener o simplemente intimidar a los presuntos ladrones debían utilizar la experiencia y la imaginación: “nosotros íbamos en bicicleta y ellos en coches o furgonetas cargadas, así que imagínate cómo podíamos perseguirlos o impedirles el paso. Pero conocíamos los caminos, los atajos, y eso nos ayudaba a prevenir delitos en muchas ocasiones”. En 1989 las cámaras agrarias desaparecieron y con ellas también la práctica de cerrar los caminos: sus trabajadores y su labor fueron absorbidas por los ayuntamientos. En Puçol el cambio se fue notando poco a poco “ya que nosotros entramos por la puerta de atrás”; primero dotándolos de más medios, luego regularizando la situación del personal y, finalmente, integrándolos plenamente en la plantilla, tras haber realizado distintos cursillos formativos: “en total hemos pasado cuatro a la policía y otros tres a distintos servicios del Ayuntamiento”. En los últimos meses Manolo, un hombre del campo, ha estado realizando sobre todo servicio urbano, de apoyo a la policía “porque por la edad ya no llevaba el arma”. Ha sido una época sobre todo de contacto con la gente, con los compañeros de trabajo, con los bomberos, con los ciudadanos, que le ha permitido acercarse a la manera de vivir de la ciudad. Pero esa no es la vida de Manolo, su pasión es el campo, por eso ahora no tiene que preocuparse María Almenara, con la que lleva veintiséis años casado, no va a ser un jubilado de sofá y parchís: “dedicaré el tiempo a la poca tierra que tengo. En vez de medio día lo dedicaré entero. Mi mujer sólo tendrá que aguantarme por las tardes de invierno y las noches. Como mis dos hijas aún no están casadas, no puedo dedicarme a pasear los nietos, así que seguiré junto a la tierra, que es mi hobby... ¿se dice así la palabra?”. El 14 de febrero, en un sencillo acto de despedida, sus compañeros le entregaron una placa conmemo-rativa y un ramo de flores a su mujer. En su discurso, quizá uno de los momentos más difíciles para él esto de hablar en público, agradeció a todos su colaboración con unas palabras sencillas, como Manolo: “hasta ahora era un compañero, desde hoy... soy un amigo de todos vosotros”. Una sinceridad y locuacidad propias de un hombre del campo. Porque para Manolo las cosas son siempre claras, directas, sin rodeos. Ahora, mientras cuida sus hortalizas en la tranquilidad de la huerta, podrá repasar mentalmente algunas de la anécdotas que jalonan su vida de guardia rural y disfrutar con su recuerdo, como aquella vez en que un químico vino a analizar los pozos de agua de la marjal y, tras revisar el segundo pozo, le dijo a Manolo que los de Puçol éramos unos ladrones de agua por haber canalizado la que allí emergía y se perdía al mar. Manolo lo dejó allí plantado. Tuvo que buscarse la vida para volver. Al llegar a la cámara agraria se quejó del guardia rural. El entonces presidente de la cámara fue rotundo: “si Manolo te ha dejado plantado es que no has hecho algo bien”. Eso es que los demás confíen en tu sinceridad y honradez.
01 Enero 2003
“Tenemos unos trabajadores jóvenes en el Ayuntamiento y estamos trabajando para conseguir un cambio de mentalidad en el trato al ciudadano: lo importante es la atención directa, el contacto personal, con ello se consigue resolver muchos más problemas.” Esta declaración de principios, efectuada por Josep Mª Iborra en el discurso de inauguración de la extensión de los servicios municipales en el Espai Social Martínez Coll, resume a la perfección el objetivo que se ha marcado el Ayuntamiento a la hora de hacer frente a las solicitudes de sus vecinos: estar más cerca, en todos los sentidos. Hace ya un año se comenzó a trabajar en dos líneas paralelas para conseguir este objetivo: por un lado, abrir nuevas dependencias municipales, que eviten a los vecinos tener que trasladarse para resolver cualquier gestión hasta el propio edificio del Ayuntamiento. Por otro, diseñar oficinas de atención en la que desaparezcan las tradicionales ventanillas y las eternas colas, para ofrecer un trato directo, sin mostradores ni ventanas. Ambas líneas dejaron de ser una promesa el pasado 14 de enero, con la inauguración de la oficina de atención en Martínez Coll, que estará abierta todos los martes de 8 a 14’30 y de 16 a 19 horas: “como es el día de mercado y los alrededores se llenan de vecinos, es el mejor momento para que puedan acercarse a realizar cualquier trámite pendiente –aseguran Gustavo Mestre y José Ramón Gañán, los dos trabajadores que atienden la oficina–, además en la sucursal tenemos la mayor parte de impresos que se solicitan en el Ayuntamiento y conexión directa por línea ADSL para poder agilizar cualquier trámite con los equipos centrales”. Esta inauguración conlleva además ampliar a dos las tardes en que se pueden realizar gestiones municipales: los lunes en el propio Ayuntamiento y los martes en Martínez Coll. Pero, como decía aquel personaje de dibujos animados: no se vayan todavía, que aún hay más. También el vetusto edificio de las oficinas centrales está sufriendo en estos momentos una importante mejora: desde mediados de diciembre se trabaja contrarreloj para tener finalizadas antes de Fallas las obras de adaptación para la Oficina de Atención al Ciudadano, un amplio local situado en la planta baja que permitirá el acceso directo, sin ningún tipo de barrera arquitectónica y, siguiendo con la política de accesibilidad, sin mostradores ni ventanillas. Una oficina con la que se persigue dar respuesta a todas las cuestiones que pueda plantear cualquier ciudadano, asegura Josep Mª Iborra, evitándole el paso de una ventanilla a otra: “queremos la máxima calidad del servicio, con un contacto directo, y en ese sentido la Oficina de Atención al Ciudadano será una forma de agilizar los trámites, porque somos conscientes que el tiempo es oro y vamos a seguir trabajando en esta línea de ahorro de quebraderos de cabeza a nuestros vecinos: el mes próximo tendremos también una página web en la que se podrán consultar muchos servicios e incluso realizar algunas gestiones por Internet, ya estamos estudiando cómo poder en marcha un servicio de atención telefónico y en unas semanas también pondremos en marcha una oficina similar a la de Martínez Coll, pero en las urbanizaciones”. Registro de entrada, tramitaciones, instancias, licencias de obras, empadronamientos, compulsa de documentos, consulta de boletines oficiales, comprobación de recibos pagados o pendientes, incluso el censo canino son gestiones que desde ahora se pueden realizar todos los martes sin necesidad de largos desplazamientos, mientras damos una vuelta por el mercado matinal o salimos a pasear con los nietos aprovechando los últimos rayos de sol vespertinos. Gustavo y José Ramón estarán prestos a atender cualquier solicitud: ¿todavía no los habéis puesto a prueba?