10 Febrero 2004
Con la llegada del otoño, el denominado bou de l’avenida cierra la temporada taurina en Puçol. Si en años anteriores se echaba en falta el poco número de toros cerriles corridos en este barrio, este año la comisión preparó la suelta de cinco toros el primer día.
Día 4 de Octubre:
En primer lugar se dio suelta al ejemplar de García Fernández Palacios, que atendía al nombre de Aviadillo. Animal de noble embestida, que se paró pronto. A continuación salió Lironero, nº 35 de Manzanares. En tercer lugar fue desencajonado el toro Taconcito, marcado con el nº 6 de la ganadería de García Fernández Palacios. Ejemplar colorado de bonita lámina, el cual protagonizó largas embestidas a los aficionados, metiendo muy bien la cara y no rehusando de la pelea en ningún momento. Por último, fue soltado el toro Cocinero, marcado con el nº 36 de la ganadería de Manuel López Aragón. Toro cinqueño, de corta embestida, pero enterándose y entrando a los cites con cierta peligrosidad. Por la noche, volteó al aficionado local Peño, afortunadamente sin consecuencias graves.
La tarde continúo con suelta de vaquillas del ganadero de Cabanes, Germán Vidal, las cuales entretuvieron bastante a los asistentes. Como es tradicional en Puçol, la tarde terminó con la embolada de una vaca del mismo ganadero, cortando la cuerda Pascual Villalba.
Por la noche fueron embolados los mismos toros de la tarde, más uno, corrido en primer lugar, en la modalidad de caixó a piló. Éste toro, fue un ejemplar de García Fernández Palacios, de nombre Extranjerillo, el cual tuvo unos primeros momentos de embolada bastante aceptables, para posteriormente ir apagándose. Todas las emboladas del día corrieron a cargo de las cuadrillas de Ximo & Xato y Rallat & Juanjo, cortando las cuerdas Vicente Sebastiá, Rallat, Salva Valls y Xato, en dos ocasiones.
Día 11 de Octubre:
Desde hace un par de años, este último día de toros en Puçol, destaca por la presencia de animales de corro de reconocida fama y de las más prestigiosas ganaderías de la Comunidad Valenciana, ya que es un buen recorrido para que éstas desarrollen su buen quehacer en las calles.
Si en los años anteriores pudimos ver una gran tarde de vacas a cargo de Jaume Domenech (Amorosa, Perseguida... y el toro Tiburón) y otra tarde, no tan buena, de Machancoses (Perezoso y Viola), para éste año se preparó un desafío de dos vacas por la tarde y un toro embolado de las ganaderías de Hermanos Orero Lecris, Hermanos Benavent y Germán Vidal.

Como aperitivo en la tarde, se soltó un toro de García Fernández Palacios, patrocinado por los aficionados Ximo & Dani. Toro colorado, que atendía al nombre de Gargantolo, el cual protagonizó una bonita salida de cajón, acudiendo a todos los recortes, pero que pronto se vio agobiado por la gran cantidad de aficionados que lo recortaban. En una de sus embestidas, dio un pequeño puntazo a un aficionado local, afortunadamente sin consecuencias. Seguidamente, se dio suelta a las vacas de los tres ganaderos actuantes, las cuales todas cumplieron en su menester, divirtiendo a los aficionados.
Al anochecer, se emboló una vaca de Germán Vidal, cortando la cuerda Mari Cruz Ferrer “Rallaeta”. Resaltar que dicha embolada fue llevada a cabo únicamente por miembros de la familia R
20 Octubre 2003
Plaza de toros de Valencia, un tercio de entrada en tarde fresca y otoñal.
--Antonio Ruiz Soro; silencio-silencio (leves pitos al abandonar la plaza).
--Víctor Manuel Blázquez; oreja-oreja.
--Ángel de la Rosa; oreja con leve petición de la segunda y dos vueltas al ruedo- oreja tras aviso con dos vueltas al ruedo.
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El solemne himno regional que prologó la corrida del 9 de octubre hizo recordar a los más despistados que era el día de la Comunidad Valenciana. El cartel también era de valencianos, pero la tarde, la tarde fue de Ángel de la Rosa, aún sin quitar un ápice al legítimo y trabajado triunfo de Víctor Manuel Blázquez. El encierro que envió Carlos Núñez a Valencia estuvo bien presentado, algo desigual pero muy en núñez, finos de cabos, astifinos, si bien algunos lucieron excesivos kilos. Se cortaron cuatro orejas, pero no se engañe nadie, los toreros hicieron más mérito para ello.
El público cubrió un tercio del aforo, aspecto éste poco sorprendente también por esperado. La nota triste la protagonizó Antonio Ruiz Soro. Primero porque demostró tanta incapacidad como falta de casi todo: de oficio, que lo intuíamos, pero de actitud, no lo esperábamos. Su lote, es cierto, fue el más imposible, por manso, deslucido, complicado, pero cuando un torero apuesta de verdad, si no se lleva orejas, al menos puede sumar crédito. Por eso, aunque me duela, Antonio Ruiz Soro no sumó nada, si acaso descrédito. Ni pudo, ni quiso justificar su sorprendete presencia en el cartel. Y eso que el público lo trató de forma exquisita, apenas muy pocos pitos entre un silencio de respeto más por lo que ha representado El Soro y el sorismo en esta tierra, que ha sido mucho, que por lo que merecía esta actuación, llamárase como se llamara el torero. Deberá reflexionar. Por cierto, en sus toros destacaron Rafael Perea Boni y Domingo Navarro, tan lucidos como eficaces con percal y en los palos.
A Víctor Manuel Blázquez, segundo del cartel, le tocó remontar el ambiente tan desangelado que precedió en sus dos toros. Y lo consiguió. El de Burjasot banderilleó con más laboriosidad que brillo. Paradójicamente, su primer Núñez quedó algo aplomado tras los avivadores, pero uno a uno, Blázquez supo extraer toda el agua que quedaba en el pozo. Tras un pinchazo, paseó una oreja. Menos agua tenía el pozo, valga la metáfora, que hizo quinto. Muy parado, agarrado al piso que dirían en Mexico, Blázquez planteó una faena de recursos y variedad. Para rematar y asegurar el triunfo no había otra alternativa. Y le salió bien. Pues agarró una estocada, más eficaz que bien colocada, que le valió otra oreja y la merecida salida en hombros.
Ángel de la Rosa también salió por la Puerta Grande, pero con otro cariz. Con el sello tan singular que imprime De la Rosa. La faena a su primero, con sentido de la estética, fue un aperitivo de su segunda actuación. Porque a su primero, tan noble como falto de fuerzas, no le podía obligar lo más mínimo. Quizá por ello a los muletazos -la tela apenas rozaba el albero- les faltó algo más de trazo. Mató de estocada sin puntilla y cortó una oreja. Hubo petición, minoritaria, y desproporcionada de la segunda, pero Juan Moreno, usía del festejo, se negó con acierto.
En el sexto, los máximos trofeos, no se hubieran podido negar. La faena fue de dos. Y el toreo... de cinco, de cinco estrellas, se sobreentiende. La obra fue más maciza, más compacta y mejor trazada, pues además hubo ligazón. Los muletazos tuvieron regusto, temple, poso, calidad, y suavidad. Los toques fueron precisos, justos, medidos. Y hubo tres o cuatro naturales echándole la tela al hocico, antológicos. Un monumento a la plasticidad y a la armonía. Pero a este, que había que reventarlo con la espada, no lo mató, mejor dicho, lo mató minutos más tarde. Sin duda, minutos que le impidieron realzar con orejas un gran triunfo que sí plasmó con las telas de torear. Así q