20 Octubre 2003
Con este eslogan la Diputación de Valencia en colaboración con la Consellería de Sanidad, el Ayuntamiento de Puçol y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) ponen en marcha por tercer año consecutivo la iniciativa ''Semana de Prevención'' en la que durante los días 20, 21, 22 y 23 de noviembre se abordarán y trabajarán cuestiones relativas a la prevención familiar y comunitaria del consumo de drogas.
Sabemos que los padres se enfrentan a una difícil labor, la educación de sus hijos en un contexto en el que los riesgos sociales adquieren una presencia casi inevitable que los padres deben afrontar, y también sabemos, que los lazos emocionales y afectivos que entre padres e hijos existen dificultan en muchas ocasiones esta labor. El consumo de drogas, el ocio nocturno, las relaciones sexuales, etc., son algunas cuestiones que los padres deben asumir como elementos básicos dentro del amplio abanico educativo que deben cubrir, sin olvidar que el núcleo familiar constituye el primer ámbito de socialización del individuo en el que se aprenden, interiorizan y adquieren los valores y pautas de conducta que más tarde le orientarán en su desarrollo social. Por este motivo, resulta de suma importancia que desde los primeros años de vida los padres pongan en funcionamiento una educación adaptada tanto al propio sujeto como al momento o contexto, contando con aquellos instrumentos y estrategias que faciliten y aseguren la efectividad de su acción. En este sentido, el objetivo del taller ''Prevención de drogas en el ámbito familiar'' que se celebrará en la Casa de la Cultura de Puçol del 20 al 23 de octubre de 9.30 a 12.30, pretende ofrecer, con una metodología participativa y dinámica, un punto de apoyo a los padres para abordar su tarea educativa con la garantía de una información y formación básica sobre una problemática que nos afecta a todos; el consumo de drogas.
Asimismo, si se pretende incidir en el contexto social, se hace necesaria la participación y compromiso de aquellas personas que, contando con un papel relevante dentro de su comunidad, puedan actuar como mediadoras entre las necesidades de las poblaciones más jóvenes y las generaciones más adultas. El mediador social se constituye, no solo como figura de referencia para la comunidad, sino también como pieza clave de unión entre los diferentes sectores sociales. El taller ''Formación de mediadores sociales en la prevención de las drogodependencias'', que tendrá lugar en el Espai Social ''La Barraca'' de las 17.30 a las 21.30 horas en las fechas señaladas, tiene como objetivo, la capacitación de mediadores sociales que, trabajando desde el área de la animación comunitaria, puedan potenciar el aprendizaje de factores de protección frente al uso indebido de drogas utilizando el ocio como marco y herramienta para ello.
Así pues, tanto padres como mediadores se perfilan como figuras preventivas imprescindibles tanto en relación al consumo problemático de drogas como en todos aquellos riesgos a los que nuestros jóvenes se enfrentan en un mundo cada vez más competitivo e individualista.
De nuevo, desde las instituciones públicas se pone a disposición de los ciudadanos la oportunidad de participar en la formación de una sociedad más sana y solidaria que asegure un buen futuro para las nuevas generaciones. No la desaproveches, esperamos tu participación.
Un artículo de la FAD (Federación de Ayuda contra la Drogadicción).

20 Octubre 2003
Plaza de toros de Valencia, un tercio de entrada en tarde fresca y otoñal.
--Antonio Ruiz Soro; silencio-silencio (leves pitos al abandonar la plaza).
--Víctor Manuel Blázquez; oreja-oreja.
--Ángel de la Rosa; oreja con leve petición de la segunda y dos vueltas al ruedo- oreja tras aviso con dos vueltas al ruedo.
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El solemne himno regional que prologó la corrida del 9 de octubre hizo recordar a los más despistados que era el día de la Comunidad Valenciana. El cartel también era de valencianos, pero la tarde, la tarde fue de Ángel de la Rosa, aún sin quitar un ápice al legítimo y trabajado triunfo de Víctor Manuel Blázquez. El encierro que envió Carlos Núñez a Valencia estuvo bien presentado, algo desigual pero muy en núñez, finos de cabos, astifinos, si bien algunos lucieron excesivos kilos. Se cortaron cuatro orejas, pero no se engañe nadie, los toreros hicieron más mérito para ello.
El público cubrió un tercio del aforo, aspecto éste poco sorprendente también por esperado. La nota triste la protagonizó Antonio Ruiz Soro. Primero porque demostró tanta incapacidad como falta de casi todo: de oficio, que lo intuíamos, pero de actitud, no lo esperábamos. Su lote, es cierto, fue el más imposible, por manso, deslucido, complicado, pero cuando un torero apuesta de verdad, si no se lleva orejas, al menos puede sumar crédito. Por eso, aunque me duela, Antonio Ruiz Soro no sumó nada, si acaso descrédito. Ni pudo, ni quiso justificar su sorprendete presencia en el cartel. Y eso que el público lo trató de forma exquisita, apenas muy pocos pitos entre un silencio de respeto más por lo que ha representado El Soro y el sorismo en esta tierra, que ha sido mucho, que por lo que merecía esta actuación, llamárase como se llamara el torero. Deberá reflexionar. Por cierto, en sus toros destacaron Rafael Perea Boni y Domingo Navarro, tan lucidos como eficaces con percal y en los palos.
A Víctor Manuel Blázquez, segundo del cartel, le tocó remontar el ambiente tan desangelado que precedió en sus dos toros. Y lo consiguió. El de Burjasot banderilleó con más laboriosidad que brillo. Paradójicamente, su primer Núñez quedó algo aplomado tras los avivadores, pero uno a uno, Blázquez supo extraer toda el agua que quedaba en el pozo. Tras un pinchazo, paseó una oreja. Menos agua tenía el pozo, valga la metáfora, que hizo quinto. Muy parado, agarrado al piso que dirían en Mexico, Blázquez planteó una faena de recursos y variedad. Para rematar y asegurar el triunfo no había otra alternativa. Y le salió bien. Pues agarró una estocada, más eficaz que bien colocada, que le valió otra oreja y la merecida salida en hombros.
Ángel de la Rosa también salió por la Puerta Grande, pero con otro cariz. Con el sello tan singular que imprime De la Rosa. La faena a su primero, con sentido de la estética, fue un aperitivo de su segunda actuación. Porque a su primero, tan noble como falto de fuerzas, no le podía obligar lo más mínimo. Quizá por ello a los muletazos -la tela apenas rozaba el albero- les faltó algo más de trazo. Mató de estocada sin puntilla y cortó una oreja. Hubo petición, minoritaria, y desproporcionada de la segunda, pero Juan Moreno, usía del festejo, se negó con acierto.
En el sexto, los máximos trofeos, no se hubieran podido negar. La faena fue de dos. Y el toreo... de cinco, de cinco estrellas, se sobreentiende. La obra fue más maciza, más compacta y mejor trazada, pues además hubo ligazón. Los muletazos tuvieron regusto, temple, poso, calidad, y suavidad. Los toques fueron precisos, justos, medidos. Y hubo tres o cuatro naturales echándole la tela al hocico, antológicos. Un monumento a la plasticidad y a la armonía. Pero a este, que había que reventarlo con la espada, no lo mató, mejor dicho, lo mató minutos más tarde. Sin duda, minutos que le impidieron realzar con orejas un gran triunfo que sí plasmó con las telas de torear. Así q